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Cántico al primer amor-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay tantas noches crepusculares

invitando cristales sobre danzas lunáticas

que embridan la tasca energúmena de los siglos

en que mi bestialidad innata sumerge su llanto

en silos de completa soledad tácita. Mientras

el labio fracciona el mensaje ermitaño que concurre

a los metódicos baños balsámicos de bosques sin tálamo,

y un cuerpo insustituible devora a sus vástagos cerca de un

lecho interminable de piedras y vegetales tardíos. La voracidad

de los músculos incuestionables, remonta sus ríos inservibles

hasta alcanzar la nube blanca de antiguos ritos tribales, indios,

hindúes y malévolos criminales hunden sus cabelleras en fosos

de malezas hirsutas. Tu cuerpo ya lánguidamente

esclarece el remoto control de una lluvia de infalible belleza.

Tu cuerpo cava su fosa elemental de musgos y taciturnas floras,

parciales sedimentos de mi nicotina embriagante. En los labios

florece el velocímetro de una novia que busca su eterno noviazgo.

Matrimonios fluorescentes penetran la sangre con su vómito indestructible, insaciablemente cópulas de un suspiro indeseable.

Alientos y velocidades, distancias y kilómetros de autopista, acceden

al vaho de los cristales, ensañándose y coléricos perforan la madera

azul celeste de los mares. No me importan los testigos sumergidos

en cal muera, en labios improbables, en látigos que formulan su lección

de andadura y cúspide, mas, mi boca siempre reza por un ramo de salmos

destruidos en los anclajes de las catedrales. Un sacerdote

memoriza sus símbolos de ineludible belleza, mientras alejados

de los botes del humo los niños anulan la cuestión primordial del acebo

con sus lágrimas.

Ya buscan más allá de la maleza el pusilánime cuerpo que ensayó

sobre tu cabeza, tiernas adolescencias indigentes, sombrías plegarias

de anhelos derrotados, de semillas espolvoreadas.

Y te buscan; siempre detrás de las inyección de industrias metalúrgicas,

tras los alfileres destructivos humedecidos por las vías ferroviarias, por los electrones dispersos de un átomo habitual.

Y buscas, lo que hallas, en un mosaico de piezas llenas de calcos

y herrumbre. Tú

que dispusiste en las entrañas de tu reino, un imperio de sarcasmos.

Una fecha con nombre-.

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