No hay motivos suficientes
ni razones aparentes
para que en algún rincón de mi existencia,
un trocito de esperanza,
no se albergue.
Esa esperanza mía,
que rompiendo imposibles y malezas,
sigue firme en la vida.
¡OH esperanza mía!
Me incitas a escribir en poesía,
haciendo que mi alma cobre vida.
¡Qué sería de mí sin tu presencia!
Con mis palabras en pequeña armonía,
¿Cuánto podrían vivir?
¡Ay esperanza!
cuan largo se hace el camino
y sin embargo,
que corto es lo vivido.
¡Dulce esperanza mía,
que llegas a mi sin medida,!
que tu lucha no sea en vano,
pues vale más vivir luchando,
a estar derrotado
a la primera de cambio.
Dulce esperanza cierta,
es de gran razón
y es cosa manifiesta,
que no es de estima obtener
lo que poco cuesta.
Más no es menester que te diga,
que no por eso recelo
en no alcanzar desde la tierra el cielo,
y si por ventura te alejaras,
contigo llevarías mi existencia.
¡Esperanza, mi fiel compañera!
no desfallezcas en lo que la vida me resta,
pues vivir…
aun me queda.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados
22/10/2014