J.R. Olveira
Poeta recién llegado
Cautivo soy de un canto de sirena,
preso en la cárcel de su piel de roca,
quisiera un beso de su dulce boca
aunque me mata, ciega y envenena.
Testigo de mi amor, la luna llena,
tiñe de plata el mar que me sofoca,
se borra la ilusión de mi alma loca
cual náufrago perdido entre la arena.
Enloquecido, ciego soy, lo admito,
tu resplandor me cubre el pensamiento,
tesoro hermoso y a la vez maldito.
Intento adivinar si el firmamento
acogerá mi cuerpo ya marchito,
como un suspiro débil en el viento.
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