MASTER LY 22
Laly
Caricias reprimidas
Y te levantas sin derramar una sola lágrima,
tus pálidos pies se posan otra vez sobre el césped recién cortado.
La frustración galopa en tu mente como lo hizo otrora
tu capelina rosa... indefensa
sobre la cresta de la ola hasta desaparecer.
Tus cabellos lacios y albos habían sido trenzados
con las arenas bordadas de lo prohibido.
Y te escondes tras tus parpados apergaminados,
en esa orilla sepia de los recuerdos donde
las salpicaduras aun dibujan lunares en tu larga falda.
En las tardes los silencios rebotan contra las paredes.
Tardes sonrojadas ante las yemas de los dedos.
Dedos de los que penden caricias reprimidas
y esa dubitación siempre florecida
que se encarna en tu lengua en llamas.
En las noches de cielos longevos, sin lumbre,
donde las sombras se presienten agazapadas,
desde tus huecos recónditos y enmohecidos
se aleja un eco de nombres ignotos ya ausentes
dejando una fría estela de iris apagados.
Y te levantas sin derramar una sola lágrima,
tus pálidos pies se posan otra vez sobre el césped recién cortado.
La frustración galopa en tu mente como lo hizo otrora
tu capelina rosa... indefensa
sobre la cresta de la ola hasta desaparecer.
Tus cabellos lacios y albos habían sido trenzados
con las arenas bordadas de lo prohibido.
Y te escondes tras tus parpados apergaminados,
en esa orilla sepia de los recuerdos donde
las salpicaduras aun dibujan lunares en tu larga falda.
En las tardes los silencios rebotan contra las paredes.
Tardes sonrojadas ante las yemas de los dedos.
Dedos de los que penden caricias reprimidas
y esa dubitación siempre florecida
que se encarna en tu lengua en llamas.
En las noches de cielos longevos, sin lumbre,
donde las sombras se presienten agazapadas,
desde tus huecos recónditos y enmohecidos
se aleja un eco de nombres ignotos ya ausentes
dejando una fría estela de iris apagados.
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