tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Tornasolado submundo insano de mis sueños, mientras contemplo la brisa de la noche, arde la yaga en el abismo siniestro de las dudas; diestra vanidad que oculta, trepa por las ramas de mis venas, retorciendo lo que queda de masa muscular.
Suero de la muerte, dame vida para soñar una vez más, la antagónica y fantástica magia.
Aunque tus ungüentos cobijen mis fermentos, no cesaran los dolores, ni siquiera las tiernas calles de tus cuentos versados.
Siempre supe que estarías aquí a mi lado, en el extremo más oscuro y recóndito de lo que va quedando de mí.
Que va.
Es hora de partir.
Aunque hipnóticos tus ojos negros vuelvan a mirarme, ya no habrá espacio para que anide tu calma en mis tortuosos días de melaza.
Necedad de este sueño paralizado, entre las tinieblas que me van desgarrando de este viaje sin carne entre sombras.
Si la insurgencia de mis huesos lo pidiera, no tomaría esa opción.
Cuelo unos pocos recuerdos, mientras cunde el punto más abstracto y reciente la barbarie.
Me ha visitado un ángel cuando dormías, en confidencia relató sobre la cruda trama de la intolerancia, que perenne desatará un temporal, entumeciendo al tormento, y que ya no cobrará dolor, en este cuerpo, es tiempo de partir.
Tornasolado submundo insano de mis sueños, mientras contemplo la brisa de la noche, arde la yaga en el abismo siniestro de las dudas; diestra vanidad que oculta, trepa por las ramas de mis venas, retorciendo lo que queda de masa muscular.
Suero de la muerte, dame vida para soñar una vez más, la antagónica y fantástica magia.
Aunque tus ungüentos cobijen mis fermentos, no cesaran los dolores, ni siquiera las tiernas calles de tus cuentos versados.
Siempre supe que estarías aquí a mi lado, en el extremo más oscuro y recóndito de lo que va quedando de mí.
Que va.
Es hora de partir.
Aunque hipnóticos tus ojos negros vuelvan a mirarme, ya no habrá espacio para que anide tu calma en mis tortuosos días de melaza.
Necedad de este sueño paralizado, entre las tinieblas que me van desgarrando de este viaje sin carne entre sombras.
Si la insurgencia de mis huesos lo pidiera, no tomaría esa opción.
Cuelo unos pocos recuerdos, mientras cunde el punto más abstracto y reciente la barbarie.
Me ha visitado un ángel cuando dormías, en confidencia relató sobre la cruda trama de la intolerancia, que perenne desatará un temporal, entumeciendo al tormento, y que ya no cobrará dolor, en este cuerpo, es tiempo de partir.
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