Albertyo Moliendo
Poeta recién llegado
No, no pervive mosca en el Valle del Lecrín.
Nunca más gozaremos ese aroma de jazmín.
Dícese que demonio quemó su flora marroquí
junto astutas ninfas de garras e iris de rubí.
Sollozando, los niños inundan el Valle del Lecrín
y disuelven las montañas embriagos con anís.
Sus lágrimas embotan hasta el último colibrí,
ya no quedan más que infantes junto Don Carmín.
No, nadie atreve a conocer el oscuro desierto del Lecrín.
Por fin, hogar único de mis temores y soledad infantil.
Se infiltran las pirómanas ninfas riéndose de mí,
más sólo yo sueño con los reflejos en estos ríos de la Luna carmesí.
No, no es que yo sobreviviere fortuíto en el Valle del Lecrín.
Yo soy el asesino tacaño que quería toda la cicatriz.
¡Entendedlo! Es toda mi existencia, no hay nada en Motril.
Al Diablo le bajo los ojos mientras mis niños tragan serrín.
Nunca más gozaremos ese aroma de jazmín.
Dícese que demonio quemó su flora marroquí
junto astutas ninfas de garras e iris de rubí.
Sollozando, los niños inundan el Valle del Lecrín
y disuelven las montañas embriagos con anís.
Sus lágrimas embotan hasta el último colibrí,
ya no quedan más que infantes junto Don Carmín.
No, nadie atreve a conocer el oscuro desierto del Lecrín.
Por fin, hogar único de mis temores y soledad infantil.
Se infiltran las pirómanas ninfas riéndose de mí,
más sólo yo sueño con los reflejos en estos ríos de la Luna carmesí.
No, no es que yo sobreviviere fortuíto en el Valle del Lecrín.
Yo soy el asesino tacaño que quería toda la cicatriz.
¡Entendedlo! Es toda mi existencia, no hay nada en Motril.
Al Diablo le bajo los ojos mientras mis niños tragan serrín.