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Cementerio de anónimos

Kabuki

Poeta recién llegado
Cementerio de anónimos


Cementerio de anónimos, un ave entra por mi ventana
y atraviesa, sin pedir permiso, mi pecho.
Éntrale, cuervo y gavilán -le digo- fruta del vicio,
a descomponer lo descompuesto.
Un sueño de donde había un ataque terrorista
y brotaba burbujas de fuego de mi palma,
me hizo sentir poderoso.
Como esos lideres militares, como el rey de Brunei.
Como 400 años antes a Almagro en el Sur.
Cementerio de anónimos, tan distante al mundo nazi,
¿Por qué diablos mi nombre esta inscrito
en uno de tus epitafios?
Mi madre amish, mi padre de linaje de los Quin.
Solo cuatro cajetillas nos separan del puente de la vida.
Lo oyes, lo oyes. Es domingo y los periódicos
abundan en el mueble. Soy un mueble
de carretera, un reclame que se burla de los 30.
Abro la sección de literatura.
Ahí los capos, los de dejo de cOño, los de
chaqué, cowboys o chalequito de abuelito en asilo.
Claro por supuesto todo limpio, todo nuevo.
En un paisaje que fuerzan al viento para que soplen.
Me llaman, no es nadie y es el mundo como
Interpretación y Voluntad.
No salgo, estoy en temporadas de disfrutar
mi misantropía y avaricia dipsomaniaca de los cubos.
Hace una semana pasaba a lado de la Actualidad,
no le preste atención, solo rumores
de su lujo: violencia, carreteras con sangre,
la restauración de una prisión en la selva peruana,
narcotráfico y asesinato de más de 100
en Chihuahua. Hoy le solté la zanahoria
como si fuese una liebre, me quebré, para ser
sincero, de tanta palabrería de mostaza.
Como el gas, si. Claro.
Me eché al jamón a 3 panes. Qué altos los precios.
Criticas, pesimismo. Críticas y Mayúsculas.
Vi Tokio por una película
y me imaginé vagabundeando, sentándome
en un poyo de mercurio y viendo
esos afiche, de Sanyo, de Sony y de Kodak,
mientras un sheriff me decía, waal wuu, yut, vaeeet,
y yo respondiéndole, ahhh, noo, sii, aahh laa, ah up.
Estos nunca sacan sus pistolas del ristre,
me dijo, un ángel de nombre Lorca,
mientras ya mis pies andaban por ese país
tan rico de Sal de nombre Bolivia.
¡Fantástico! ¡Verdaderamente Fabuloso!
Sigo andando, andando como los anónimos
que nunca saldrán en los libros de historias.
Cementerio de anónimos, tu filosofía
es el hijo bastardo de la Tía Keroauc,
y su coche el de Dean, que siempre como el
martillo de Washington es el mismo.
No por la casa, pues la quemamos.
No por el jardincito pues cultivamos marihuana.
Y-Ya al encontrarnos en el circulo de fuego
donde Magallanes dijo: un momentito
tengo ganas de hacer la mierda, ¿puedo bajar?
Puta madre, ¡como se me enfría el culo!
Nosotros como una gran foca azul, brincaremos,
con la vista puesta al sol tenue de la Patagonia,
al Polo Sur donde grandes oso polares
destrozan una gran trucha
como el aburrimiento a nuestras vidas.
 
Última edición:
Sin duda se respira aire de grito de queja. Me gusta el recorrido que vas haciendo a distintos lugares y algunas imágenes que empleas.
Sin duda un gusto leerte.
 
Recorrido por la inmundicia del mundo, de la protesta contra uno, y contra la mierda que se derrama en periodicos y medios.
Vaya viaje!!! Poniendo el ojo en distintas latitudes, para ver que en cada una existe la misma gata, pero revolcada.
Al final, es todo, cementerio de anònimos donde seremos enterrados.
Un gusto leerte!
 
El gusto es el mio Iadra, un abrazo de cemento blando
que no endurece los pies, tan solo falta el agua.

Saludos!!!
 
abrazos igualmente, Guadalupe, te mando un abrazo, y lo de
los cementerios siempre da esa atmósfera de campiña.

Hasta luego...
 
Cementerio de anónimos


Cementerio de anónimos, un ave entra por mi ventana
y atraviesa, sin pedir permiso, mi pecho.
Éntrale, cuervo y gavilán -le digo- fruta del vicio,
a descomponer lo descompuesto.
Un sueño de donde había un ataque terrorista
y brotaba burbujas de fuego de mi palma,
me hizo sentir poderoso.
Como esos lideres militares, como el rey de Brunei.
Como 400 años antes a Almagro en el Sur.
Cementerio de anónimos, tan distante al mundo nazi,
¿Por qué diablos mi nombre esta inscrito
en uno de tus epitafios?
Mi madre amish, mi padre de linaje de los Quin.
Solo cuatro cajetillas nos separan del puente de la vida.
Lo oyes, lo oyes. Es domingo y los periódicos
abundan en el mueble. Soy un mueble
de carretera, un reclame que se burla de los 30.
Recorrer esos cementerios y ver que desde distintas visiones
uno puede observar el germen del mundo actual. todo un
alegato para recoger las consecuencias de una sociedad
que se pierde al poco. felicidades. luzyabsenta
 

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