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Certamen Literario Infantil "María Elena Walsh" (poesía y prosa)

Tema en 'Ganadores de Concursos de Poesía o Prosa' comenzado por Carrizo Pacheco, 31 de Octubre de 2019. Respuestas: 35 | Visitas: 2166

  1. Carrizo Pacheco

    Carrizo Pacheco Jefe de Redacción Eco y Latido.Miembro del Jurado Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA Equipo Revista "Eco y latido"

    Se incorporó:
    28 de Noviembre de 2014
    Mensajes:
    2.577
    Me gusta recibidos:
    2.104
    Género:
    Hombre
    Estimados concursantes y lectores:

    Hasta tanto se habilite el foro de concursos, a continuación podrán leer todas las obras presentadas.

    Tal como se anunció en las bases del certamen: " Cada participante escogerá 3 obras por el título que las identifica, las que más le gusten, excepto la propia, y sin otorgarle puntaje, por ejemplo:

    Nº 1…. X
    Nº 2….. Y
    Nº 3….. Z

    - El participante luego de hacer su elección personal entre el 8 y el 14/12/2019, enviará por mensaje privado las obras de su preferencia a Carrizo Pacheco, quien se ocupará de dirigir el desarrollo del concurso.

    Muchas gracias.


    1)

    Mi amigo visible

    Mi amigo es un unicornio
    y me tiene preocupado,
    perdió su cuerno adorado,
    ya no se siente unicornio.
    Les cuento que a mi unicornio,
    pocos lo quieren mirar.
    Mamá no lo puede hallar
    y a papá no le interesa;
    dicen que está en mi cabeza
    y que lo voy a olvidar.
    Yo lo veo a cada rato,
    con él hablo noche y día,
    jugamos con alegría
    y nos reímos del gato,
    que se mete en un zapato
    sin saber cómo salir.
    Pero hoy tendremos que sufrir,
    porque el cuerno es importante,
    ¿cómo hará sin su estandarte,
    su razón para existir?
    Entonces se irá muy pronto
    para encontrarlo en el mar.
    Allí estará el Mago Narval
    ¡Le dará un super tónico,
    tan secreto y tan grandioso,
    que le hará crecer el cuerno!
    Y podré volver a verlo.
    ¡Porque sí existe mi amigo!
    Él siempre estará conmigo
    mientras yo sepa quererlo.

    2)

    Siempre vivir para amar

    Mamá mamá vamos a la perrera
    y si hay uno pequeñito como yo, quiero que sea mi hermanito.
    Cuando llegan se encuentran una camada de recién nacidos
    que acaban de abandonar.
    Hace mucho frío y llueve a cántaros porque es enero, puro invierno.
    La responsable dice que morirán porque no tienen mamá.
    Uno es una bola de algodón no más grande que la mano de mamá,
    es un pirata porque tiene un ojo marrón y otro blanco.
    Valiente y con coraje dijo: “Yo voy a ser su Mamá”.

    Lo tengo en mis manos y mamá pregunta
    qué debo hacer para quedármelo y para que viva.
    Bien salgo con mi niño en mis brazos,
    le acaricio y le doy calor porque está temblando.
    Desde ese día mi vida cambió, le di leche con una jeringa,
    le paseaba, compartía mi comida y me seguía como una ovejita.
    Me miraba con unos ojos grandes,
    tanto penetraron en mi corazón que lo consideré mi alma.
    Y le cantaba: “Diki corazón de Ana , Diki es el mejor
    Diki el alma de Ana, Diki es el mejor. ¡El Mejor, El mejor!”
    Él bailaba y movía su cola con gracia.
    Disfrutamos tantos años juntos.
    Nadábamos en verano. Echábamos carreras.
    Poco a poco se hizo mayor.
    Un día tuvo que volar a las estrellas. Y no se olvidó de mí,
    y me bajó su estrella para mí y la depositó en mi pecho.
    Igual que aquel día lejano le abrazaba yo a él.
    Sigue brillando en mi interior.
    Por eso sé que sigue viviendo en mí y yo en él.
    Feliz me hace pensar en él y saber que compartimos
    ¡TODO NUESTRO QUERER!



    3)

    DIÁLOGO

    —Mira mis ojos y escucha.

    —¿Suenan gotas en el techo?

    —Mira mis ojos y respira.

    —Huele el patio mojado.

    —Mira mis ojos y dame tu mano. ¿Qué sientes?

    —Hambre papá.

    —Bien, espera te traigo galletas con manjar.

    ...

    —¿Te gusta?

    —NO.

    —¿No?

    —Nop... ¿hay más?

    —Ja, ja... sí, espera te traigo más.

    ...

    —¿Suficiente?

    —NO.

    —¿No?

    —Nop.

    —Hummm, ¿cuánto más quieres?

    —Ahhh... ¡demasiado?

    —Ja, ja... está bien, ya te traigo más. ¿Quiere también chocolate?

    —SIP.

    —¿Cuánto?

    —¿Cuánto queda?

    —Pequeña abusiva, no se pase.

    —¡Te quiero papi!

    —Ya te llevo la taza más grande... nací para ser dominado por mujeres.

    —PAPI MANDARINA, PAPI MANDARINA...


    4)


    Al llegar el niño de la escuela.

    Ya llegó de la escuela Jorgito,
    dice que hoy sí aprendió español,
    que ya sabe cuál es el sujeto y el predicado
    y que puede hacer oraciones él solo como los demás niños.
    Pero lo que más le gusta son las matemáticas,
    ya sabe sumar, dividir, multiplicar
    y también conoce las reglas de geometría.
    Después de prisa se cambia la ropa
    y se va para el parque a jugar con sus amiguitos.
    No sabe si a montar patines o tal vez a la pelota,
    ya la temporada de montar patines terminó.
    Al final todos se reúnen para ver si juegan un rato a las canicas.
    Aunque batea bien y corre bastante,
    dice que no le gusta mucho el béisbol,
    que prefiere jugar otra cosa.
    Se pasa toda la tarde jugando,
    montando bicicleta en el parque
    y después se va a buscar lombrices de debajo de la tierra
    como le enseñó en la clase de biología la maestra.

    Al caer la tarde cuando se empieza a esconder el día,
    calma la sed con agua fría y se despide de los demás niños
    al decirles, nos vemos otro día.
    Tiene que llegar antes de que caiga la noche a su casa,
    cuando todavía el sol lo abraza,
    porque sino sus padres lo regañan.
    Ya tarde en la noche él se va a dormir,
    dice que cuando sea grande va a ser maestro
    para enseñar español o constructor
    para así construir todos los sueños
    que guarda su almohada.


    5)

    Ensalada multicolor

    Una mamá hormiga paseandera
    bajaba rapidito por la ladera.
    Quería hacer una ensalada de flores
    la cual tuviera muchísimos colores.
    Y como era primavera
    no iba a tener problemas.
    Ya en el jardín contenta
    tomó una hoja de menta,
    cuatro pétalos de alelí,
    un poco de blanco jazmín,
    dos tallitos de amapolas,
    de margaritas las corolas.
    Cuando tenía llena su bolsita
    volvió ligero a su casita.
    Cocinó una rica ensalada,
    ya tenía la mesa preparada..
    Sus hijitos volvieron de la escuela,
    dieron besos a papá, mamá y a abuela.
    Lavaron sus manos y juntos se sentaron
    en familia la ensalada disfrutaron.

    6)

    La rueda

    ¿Quién los vio nunca? ¿Eran niños o paladines? No érase una vez, porque fueron muchas veces y siguen siendo, una pandilla de niños universales una mañana del día Sábado. Digo universales si vamos a hablar así, como se habla, niños mestizos, de muchas razas pero con el mismo idioma y valentía, príncipes de la vagabundería y el arrojo y además, con un talismán llamado Rita.

    Lo más significante en la pandilla, Rita, una hermosa niña pelirroja y pecosa, intrépida e inteligente, que miraba el mundo desde sus dos girasoles y ondeaba sus cabellos como una bandera con reflejos de arco iris.

    ¿Ya os dije que era Sábado? Pues bien, salíamos del subconsciente de la ciudad, es decir, del enorme laberinto subterráneo por donde corren las aguas con desechos que se vierten al río, en el que algunas veces nos escondíamos y en el que encontramos un crucifijo de oro con una cadena también de oro, muy gruesa y brillante.

    Si vamos a hablar así, como se habla, éramos la preocupación de nuestros padres por entender la libertad tal como es. Ese día en particular y después de salir de las enormes cañerías nos dispusimos a pensar qué hacer con el tesoro, y mientras Rita lo limpiaba con esmero, el gordo Rafael, el negrito Miguel y los demás intentaban poner de canto una enorme rueda de tractor que consiguieron tumbada en la calle donde nos reuníamos con frecuencia.

    Sin tener idea de que aquella rueda gigante luego rodaría cuesta abajo, una vez puesta en marcha nadie la pudo detener. Ese mismo día, el día del crucifijo de oro, una caravana de autos blindados pasaba por la avenida principal al final de la calle, ya la enorme rueda había cogido vuelo y tropezó con fuerza contra el primero de los autos, en el que escapaba nada más y nada menos que el presidente del país.

    Si vamos a hablar así, como se habla, ese día, el día del crucifijo de oro que ya Rita lucía en su cuello, se multiplicaron los peces y nuestros padres conocieron la libertad tal y como es: Como una enorme rueda en movimiento.

    7)

    BESOS DE COLORES

    La suave brisa mañanera hacía que una abejita triste danzara sin rumbo fijo en el bosque. Una ramita le sirvió de asiento mientras pensaba. Entre el ramaje entró un rayito de sol y al ver la melancolía de su rostro, la saludó:

    -¡Buenos días abejita!

    Apenas, sin mucho ánimo, respondió:

    -Buen día.

    El rayito sintió la sequedad de la respuesta y de nuevo la abordó:

    -¿Qué te pasa amiga?

    Después de un largo silencio, con voz baja:

    -Estoy triste.

    -¿Y eso por qué?

    -Mi bosque es gris. Casi no llevo provisión a casa y mis hermanas me quieren echar.

    -¡Uhm eso está muy mal! ¿Crees que puedo ayudarte?

    -No puedes hacer nada -dijo la abejita.

    -¡Sí puedo! -dijo el rayito entusiasmado.

    La cara de la abejita mostró señal de incredulidad.

    -¡Prométeme que cambiarás tu rostro y compartirás el bosque?

    La abejita levantó una patica derecha en señal de aceptación.

    El rayito de sol habló con la lluvia, le explicó el problema y accedió a prestar colaboración. Sin pérdida de tiempo, gotas de agua a granel fueron esparcidas por el bosque por varios días. Una semana después, la abejita notó que el color de su espacio estaba cambiando. Poco a poco el gris desaparecía y era reemplazado por el verde vegetal. Nuevos brotes emergían de las ramas y el insecto entusiasmado, volaba en diversas direcciones para demostrar la alegría.

    La lluvia espació la ayuda para no ahogar al bosque y flores unicolores empezaron a adornar el entorno. La abejita, en busca del néctar, besaba cada flor y de inmediato, el color cambiaba a una gama brillante distinta.

    Con el paso de los días, la abejita fue recibida con jolgorio por las hermanas. La carga del néctar era abundante y la provisión de miel aumentaba. El bosque presentaba un aspecto hermoso. Reverdecía con flores grandes, relucientes y de variados colores. La abejita, cada día, le daba la bienvenida a colibríes, mariposas, avecillas cantarinas, abejorros y a otros insectos.

    Una mañana, por una rendija de la frondosa vegetación, el rayito de sol asomó. Al encontrarse con la abejita, saludó:

    ¡Hola abejita!

    -¡Hola rayito de sol!

    -¿Cómo te sientes amiga?-

    -¡Soy feliz, muy feliz y quiero darte un regalo!

    -¿Cuál?

    -¡Gracias rayito de sol!-


    8)

    Amistad

    Una noche que en el bosque brillaba la luna llena,
    un búho que vigilaba vio caer a un pajarito.
    Voló rápido hasta allí para poder ayudarlo,
    vino rápido la jirafa que es la doctora del bosque.
    Pronto se iban agrupando los que se iban despertando,
    para poder ayudar al pajarito caído.
    le vendaron la patita y un ala que estaba rota,
    así pronto el pajarito muy pronto salió volando.

    Es un hermoso ejemplo para todos saber que cuando
    un amigo nos necesita tenemos que estar junto a él,
    como lo estamos en los festejos y diversiones.
    Hay que aprender que la amistad es estar en lo bueno y lo malo.

    9)


    Luna, la sirena del mar...

    Cuenta un cuento contado que en el fondo del mar salado vive una sirena llamada Luna. Nació dentro de un caracol inmenso mientras las olas mecían su cuna.

    Entre algas y criaturas creció la linda sirena. Aprendió a nadar con peces, con pulpos y con tortugas.

    Dicen que por las tardes en la orillita del mar se puede ver su colita cuando el sol la hace brillar. Y cuentan que, por las noches le pide permiso al mar para sentarse en las rocas y con la luna platicar.

    Ella es linda y muy coqueta. Su vestido es natural. Escamas que brillan verde, amarillo y azul mar. Y cuando nada del fondo a la superficie a flotar, el sol la toca y su cola parece hasta parpadear.

    Viste de moda al día, como sirena de mar. Con su pelo rizo y largo parece lucir sombrero, dependiendo de las olas siempre un estilo nuevo.

    Recoge muchas cositas que encuentra en todo lugar, ella guarda su fortuna en una caracola de mar. La usa de carterita, es accesorio esencial. La lleva consigo siempre para aquí y para allá.

    Son caracolillos, almejas y galletitas de mar, todos en su carterita para luego disfrutar los tesoros que ha encontrado en el fondo de su mar con sus amigos marinos que van con ella a jugar.

    Quisiera un día saber en qué lugar del mar duerme Luna, ¿Será en una caverna o entre las mismas tortugas? O quizás cierra sus ojos como los caballitos de mar, con su colita agarrada al sargazo que no deja de bailar…

    Me pregunto tantas cosas cuando de ella escucho hablar…Luna, la linda sirena, que vive dentro del mar. Me parece estarla viendo sentadita en una roca esperando que yo llegue para poder conversar. Ella curiosa de la tierra y yo curiosa del mar.

    10)

    Vuelo en globo

    El niño quiso volar
    en un globo aerostático
    y subir hasta las nubes
    o todavía más alto.

    Aunque era un poco miedoso
    logró olvidarse del pánico
    tomando fuerte las riendas
    como si fuera un caballo.

    Llegó más lejos que nadie,
    hasta un planeta lejano
    con ríos de golosinas
    y cordilleras de helados.

    Con la barriga repleta
    se puso un poquito malo
    y alrededor no tenía
    amigos a quien contárselo.

    ¿Para qué servía un mar
    de dulces en solitario?
    Él ya quería volver
    a jugar con sus hermanos.

    ¿Mi pequeño, por qué lloras,
    te asustas y gritas tanto?
    Solo es una pesadilla,
    estás en casa soñando.

    11)

    El viaje

    Había una vez un orgulloso tiburón tomando el sol en la bahía de Groenlandia. Y a su lado en un rincón estaba un lucio pequeño. El tiburón se alabó terriblemente, sobre sus aletas y cabeza, sobre su boca, sobre su cola, que valía mil euros. "Mientras agite mi cola", dijo él, "entonces toda la bahía vibra. Hace poco volví de San Francisco y tuve que pasar un puente gigante, toqué un pilar con mi cola: no quedó astilla de ese puente! Y el año pasado, en la costa española, un bote lleno de carbón perturbó mi paz; moví la cola y desde entonces nadie ha visto nada de ese barco…"

    — "Ciertamente usted come mucho?" Preguntó el lucio molesto.
    — “Sí", dijo el tiburón, " mil litros por semana".
    — "Usted nada muy rápido"? Preguntó el lucio alborotado.
    — "Sí", dijo el tiburón, "diez millas por hora. Nado y nado en todas partes y hasta dónde puedo llegar, nunca me canso. Mañana quería ir a China, cuatro semanas nadando hasta allá".
    — "Hago eso", dijo el lucio, “bueno tal vez, porque me gustaría ver al emperador de China".
    — "Uff" dijo el tiburón, no imagines nada, entonces definitivamente lo haces en bicicleta!
    — "Todavía no estoy seguro de cómo" dijo el lucio, "pero viajaré a China".

    El tiburón casi explotó de envidia y de ira. Martirizado ya no volvió a mirar al lucio, eso era demasiado tonto para él! Él comenzó a bostezar salvajemente, estornudó una vez y luego se fue a dormir. A la mañana siguiente el tiburón se fue, bajo mucha agitación desde la bahía de Groenlandia…
    Él asintió gentilmente, ahora aquí, luego allá, como si quisiera decir: " iré solo". Ya no le prestaba atención al lucio: él pensó que era demasiado honor. El tiburón golpeó con su aleta el próximo camino a Shanghai. Pensó: “soy tan grande y fuerte, para mí eso es solo trabajo infantil".

    La primera semana, en mar tranquilo, se lanzó duro y no estuvo tan mal. La segunda semana, con viento en contra, ya no era tan rápido. La tercera semana estuvo muy enfermo de dolor abdominal y reumatismo. Se balanceó un poco por la costa, mantuvo una dieta y descansó un poco. Y cuando él, en la cuarta semana, nadó más lejos, se veía muy pálido. Era solo hueso y piel, casi podías contar sus costillas. Y entonces llegó, con las aletas flojas, al puerto de madera de Shanghai. Qué fue lo primero que vio?: El lucio que estaba tomando el sol! Él dijo:

    — "Qué terrible pena! Ahora el emperador acaba de irse. El té ha estado esperando por una hora, pero tenía que irse a casa a las ocho menos cuarto. A las ocho en punto le esperaba su mujer con pastel de mantequilla y limonada".

    — "Pero...pero cómo?", dijo el tiburón, tartamudeando. "¿Cómo es posible que ya estás aquí?”

    — "Eso viene", dijo el lucio, "porque prefiero navegar que nadar. Encontré allí en la bahía de Groenlandia un calzoncillo de color rojo opaco. Eso me sorprendió maravillosamente: yo tenía entonces gruesos hilos de lana. Esperé un buen bote y era hermoso. Por la noche até los hilos al bote y el otro extremo en mi boca, y por la mañana pensé: cuidado!, y esperé la partida. Entonces llegué con la Media Luna anteayer en Shanghai. Si uno no es fuerte y sólo pequeño entonces es importante ser inteligente!"

    12)

    Una bufanda florida


    Tejía la Santa Rita, al croché con los ganchillos,
    sus ramos sobre una reja con cadenitas y anillos.
    Oyó de pronto la queja de un ciprés verde y grandote:
    -Estoy temblando de frío, ¿no me harías un capote?
    -Tan largo se me hace lío, debo decirte que no,
    y aunque fuera una bufanda no alcanzo a tejerla yo.
    -Verías tu propaganda como santa de este valle,
    flameando sobre la acera como un alto pasacalle.
    -Me llaman de otra manera, según adonde me asiente:
    “Santa Rita” o “Buganvilla” como decida la gente.
    Y también mi rama en flor roja, fucsia o amarilla,
    va prefiriendo color cuando asoma su puntilla.
    Tú eres un árbol gigante y aunque ayudarte querría,
    ni con mágica varita tu bufanda acabaría.
    -Es que arriba hay mucho viento y nadie quiere hacer nido,
    porque siempre me lamento y a veces tiemblo de frío.
    -Pero no te sientas triste, ya vendrán muchos gorriones,
    si la brisa trae alpiste para darle a sus pichones.
    Y acariciando la espalda del ciprés como a un amigo,
    lo abrazó con su guirnalda y le dijo: “Estoy contigo,
    floreceré por tu copa, tendrás la oportunidad
    de estrenar alegre ropa como árbol de navidad".

    13)

    A ti mi niño

    A ti mi niño, soplando el aire.
    No olvides quien eres
    cuando te hagas grande.
    Esos ojos redondos,
    esa sonrisa amable,
    esa mueca que tiene
    tu carita de ángel.
    Son pequeños tesoros.
    Que no te los robe nadie.
    Ni todo el oro del mundo,
    ni un mundo lleno de males.
    Recuerda siempre, siempre,
    los abrazos de tu madre,
    el cariño de sus besos
    y su forma de mirarte.
    No olvides nunca, nunca,
    ¡Oh! pequeño gigante,
    los sueños que ahora tienes
    cuando te hagas grande.

    14)


    VUELAN RISAS-MARIPOSA
    (Canción de cuna para un niño pobre)

    De algodones y peluches,
    de limón, naranja y fresa
    vuelan risas-mariposa
    por barrios pobres y aldeas,
    en campos de refugiados,
    por los países en guerra,
    allá donde no hay abrazos
    ni los besos de una abuela
    ni el regazo de una madre
    ni pan ni agua ni tierra.

    De oeste a este, osos panda;
    de norte a sur, piruletas.
    Son las risas-mariposa
    que al poderoso molestan.

    No llores mi niño pobre,
    ten un poco de paciencia;
    los días tiene contados
    la muy malvada riqueza.
    Muy pronto -tal vez, mañana-
    sobre su ruina habrá fiesta.
    Mientras tanto, niño mío,
    duérmete tranquilo y sueña
    con mariposas y risas
    de limón, naranja y fresa,
    con dulces de caramelo
    que a tu corazón alegran.

    De oeste a este, osos panda;
    de norte a sur, piruletas.
    Son las risas-mariposa
    que a los ricos atormentan.


    15)


    Mi mejor amigo

    —¡Hola! ¿Cómo estás?

    —¡Bien! (contesta su amigo). Sabes hoy viene mi papá, me traerá muchos juguetes, llegará en su caballo blanco. Prometió que iríamos a pescar.

    —Me agrada que así sea.

    —¡Oh! Casi olvidaba que tengo que buscar mi vara mágica, esa que mi mami, un día me regaló. Ella me besa cada noche cuando duermo, ella está allá en esa estrella grande y brillante. ¡Desde el cielo me cuida! Ven, vamos a jugar mientras papá llega.

    -Flipando y corriendo se pierde en la ladera- ¡De pronto gritos y algarabía! El niño asombrado regresa corriendo a donde está el alboroto.

    —¿Nana qué pasa?

    La Nana triste sólo lo abraza:

    —¡No temas aún me tienes a mí!

    Entre los gritos se escucha la noticia que causó tal alboroto. “¡Murió el patrón!”

    —¡No...no es cierto...él prometió traer juguetes! Anoche me lo dijo...(y en sollozos sin control de hinojo cayo...)

    ¡Tengo que ser valiente mi mami, así me lo dijo!

    Y con una sonrisa en el rostro, sólo dijo, “soy feliz porque mi papá ya está cuidando a mi mami.... Y yo aquí tengo a mi nana, que me quiere tanto como mi mamá.”

    —Y tú, mi fiel amigo que cada noche me dices que eras el mejor amigo de mi papá.
    (Y con la paz e inocencia de su niñez; su alma se llenó de gozo. Y en un rincón olvidado un retrato de su abuelo que era su mejor amigo... Aunque huérfano, su alma estaba llena de paz y amor a la vida).

    Moraleja: Aprendamos a vivir y aceptar la voluntad del creador…La vida es hermosa aún en la tribulación de nuestro andar.


    16)


    Luisito el Cieguito

    Un grillo saltaba feliz en el campo,
    y el gato malvado buscaba cazarlo.

    Luisito el cieguito se para en la puerta,
    escuchando atento el pito zumbón.

    ¡Mamita, mamita, quiero ir al lago,
    a sentir el agua, que ríe y que canta!

    No puedo llevarte, le dice su madre,
    estoy ocupada haciendo mil cosas.

    Luisito el cieguito se pone muy triste,
    pero su perrito lo hala de un pie:
    “Camina Luisito yo te llevo al lago,
    para disfrutar, del agua también”.

    El perro y Luisito caminan al lago,
    mientras el grillito saltaba a sus pies.

    El gato malvado se sentó en un palo,
    a mirar al grillo, sabroso bocado.

    Luisito el cieguito se arrimó al agua;
    en eso que brinca el gato malvado,
    empujando al niño, zarpazo en un pie.

    El grillo cayó de cabeza en el barro,
    y el niño del susto a las aguas fue a dar.

    El perro se lanza, pero no lo alcanza.
    El grillo asustado se va hasta la casa,
    prendiendo el pitico a todo zumbón.

    La madre se extraña, ante tanto escándalo,
    mirando hacia el bosque, gritando: ¡Luisito!
    Ve luchar al perro a diente torcido,
    ¡Espérame hijito, yo te salvaré!

    Corre la mamita, al lago encantado,
    y saca a su hijo en un santiamén.

    17)

    Coletas mágicas

    La risa de la inocencia retumba sin barrera
    y corre a mis brazos que abiertos esperan,
    su voz, melodía hechizante, fuente de valor,
    inspiración de versos, niña de mi amor...

    Cada día su presencia se hace gigante
    y llena los rincones del mundo delirante,
    es su existencia la bendición del cielo
    y es la gran recompensa de mis ruegos...

    Con sus cabellos cada mañana juego
    y entre sus coletas atrapa mis sueños,
    con solemnidad mil títulos me entrega
    soy su madre, heroína y compañera...

    Mi coletas mágicas, mi princesa y reina
    con locuras y besos me gobiernas,
    eres el ángel que me enseña a sonreír
    con tus inocentes formas de vivir.


    18)


    Melodía de invierno


    Conversando en el huerto del orfanato, las coles y las lechugas saben que la lluvia las visitará por la tarde. Los niños y las monjas rezan en el comedor antes de la refacción, en sus oraciones agradecen el pan diario y le piden a Dios que otros niños tengan alimentos y abrigo…

    El sol, escondido tras las nubes sonríe, es feliz al ver los campos verdes. Gota a gota, la lluvia llegó al huerto, las coles y las lechugas suspendieron su conversación para cantar, sus cantos despertaron la curiosidad de los parajitos, ellos, acomodaditos en sus nidos no querían volar, ni trinar, y es que hay momentos en los que es mejor callar y observar.

    Dejó de llover y los pajaritos se unieron al concierto, eran las cinco de la tarde. Poco a poco, llegaron más pajaritos y se unieron al concierto, hasta que agotaditos durmieron arrullados por el rumor del viento.

    Las monjas y los niños, rezaron de nuevo, como cada noche antes de cenar, sus almas se preparaban para la faena del día siguiente: la cosecha.

    Al día siguiente, las almitas de los niños estaban alborotaditas, rezaron, sí, pero hoy sus oraciones estaban en el huerto.

    Hoy todo es diferente. Hoy es día de misa cantada, llegaron los seminaristas, que ya habían desayunado, por lo que esperaron a los niños. Acto seguido, formaron grupos de cuatro, dos seminaristas y dos niños en cada grupo y la mala noticia llegó: los niños no cosecharán hoy, solamente observarán cosechar a los seminaristas. Inusualmente protestaron, pero las monjas les explicaron que las coles y las lechugas tienen hojas frágiles, por lo que es mejor que cada uno de ellos lleve una cesta pequeña para recolectarlos nada más, para llevarlos al punto de recolección y volver al campo por más, eso los consoló, no es bueno vivir con la frustración a cuestas. También comprendieron que los seminaristas son mayores y saben cosechar bien porque lo han hecho anteriormente. La cosecha duró tres semanas, no tenían prisa y cada día, empieza con una oración y termina con una oración...

    La cosecha se divide en tres: una parte para el orfanato, una parte para el convento y una parte para el seminario. Los pajarillos cantan, el viento los arrulla por la noche, los niños rezan y todos, todos, todos, esperan preparar la tierra, para sembrar la felicidad, otra vez...


    19)

    MÁGICO AZAR

    Querido amigo, si por casualidad alguna vez te encuentras con un duende no pretendas poseer sus riquezas, ni tan siquiera interpretar sus secretos. −¡Hazte su amigo!−. Lo importante es que te narre alguna de sus mágicas historias. Ganar su amistad para que te enseñe. Esas fueron las dos premisas que yo siempre tuve presentes en mis pensamientos por si, en alguna ocasión, se produjese esa posibilidad de obtener el sueño y así alcanzar a conocer esa narración deseada.

    Fue la providencia. Cierto día el encuentro se produjo. Paseando vi un hombrecillo que, no mayor que la mano, estaba canturreando mientras apasionadamente remendaba elegantes botas y zapatos para las hadas. Pensé que me asistió la fortuna…, estaba de suerte.

    –¿Sería el anhelo deseado?– Me aproximé sigilosamente. Él sobresaltado replicó:

    –¡Vaya, casi me matas del susto!−

    Delicadamente y recobrando cierta serenidad me preguntó −¿Qué quieres de mi?− mientras se acomodaba entre mis dedos y me miraba con unos listos ojos que muy claramente pretendían conocer mis intenciones. Comencé a serenarle y le dije:

    −Realmente mi sinceridad no ambiciona ni tus riquezas y menos tus secretos, tan solo pretendo que me dejes participar de alguna de tus mágicas narraciones−.

    El duende viéndose más confiado y con total cortesía me invitó a reposar en un bello campo de flores acolchadas, mientras me sugería que estuviera muy atento a sus descripciones…; en ese exacto instante el comenzó a relatar:

    −¡Ves ahora ese calmado mar irlandés!–. –Plagado estaba de cantarinas sirenas. Una de ellas se enamoró de un joven pescador y todas las tardes acudía a verlo y le ofrecía sus detalles. La no correspondencia, por parte de él, resultó ser un suplicio que la sirena soportaba en silencio mientras sus tristes lágrimas empapaban la suavidad de sus bellos cabellos-.

    −¡Imagínate!– En ese estado y pasado un tiempo, los cielos al fin quisieron actuar frente a tal sincero amor y convertir la graciosa forma marina para que aquella sirena fuese plasmada en esta arqueada expresión de madera que ahora tú acaricias.

    −¿No me crees?– Bien. –Te diré que la tienes en tus manos para disfrutar de esos detalles tan serenos y que tú te deleites al apreciarla–.

    −¡No te fías de mis palabras!– Compruébalo tú mismo –rasga cada una de las cuerdas, podrás sentir que una húmeda sonoridad es tan solo el acorde de aquel amor que entre lágrimas recorría su cabello y que ahora forman parte de las esencias musicales del arpa –.

    −¡Has comprendido!− La solución es fácil.
    –Cuando en alguna duda te encuentres, acaricia cada sentimiento propio y humedécelo entre los rincones del alma, entonces un agitado resorte te mecerá entre melodías de felicidad. Te sentirás como devorado por un instinto de plena satisfacción que musicalmente te arropa–.

    Quede absorto frente a su enseñanza, señalaría que muy…, muy pensativo. Mientras el personajillo volvía a entonar su rítmica cancioncilla y retomaba la placentera tarea de seguir arreglando aquellos bellos zapatos de las hadas…

    “Tic..., toc…
    …Mano, otra mano, uno, dos.
    Pierna, otra pierna, uno, dos,
    cabeza, nariz, boca, barba,
    dientes blancos en mi boca.
    Mano, otra mano, uno, dos…
    Tic…, toc…

    Lámh, lámh eile, ceann, beirt.
    Cos, cos eile, ceann, beirt,
    ceann, srón, béal, féasóg,
    fiacla bána i mo bhéal.
    Lámh, lámh eile, ceann, beirt...”


    20)


    "De diferente color"

    He encontrado un amigo
    no es, de mi mismo color,
    pero compartimos cosas parecidas…
    por ejemplo, un corazón.

    Sus palabras se pronuncian
    diferentes a las mías,
    y sin embargo… tienen
    el mismo significado las dos.

    Sufre, si su amor no es correspondido,
    a los dos, nos alumbra el mismo sol,
    y llora, por cualquier sentimiento
    lo mismo, que hago yo.

    Vivimos bajo el mismo techo,
    un firmamento lleno de luz y calor,
    y miramos la misma luna…
    pero yo, puedo comer y él no.

    En algo, sí somos distintos
    él, no tiene los sueños que tengo yo,
    él, sueña con no tener sufrimientos,
    yo sueño con un coche mejor.

    A mí, me rodea la comodidad y el lujo,
    a él, le rodea la pobreza y la opresión,
    y lo dos, nos preguntamos…
    ¿Quién hará que este mundo sea más justo y mejor?

    He encontrado un amigo,
    no es… de mi mismo color,
    tenemos cosas parecidas
    por ejemplo, un corazón…
    el mío, está feliz y contento,
    el suyo… sólo siente dolor.


    21)


    PEPÓN Y EL MOSCARDÓN.

    ‑¡Mamá, mamá, hay un moscardón en mi habitación! ¡Ven, corre!

    ‑¡Mamáaaaaaa! ¡Está loco, se choca contra la ventana, otra vez lo ha hecho, y otra, va a romper el cristal!—gritaba aterrorizado.

    ‑Qué gritos son esos Pepón, vas a despertar a tu abuelo.

    La mamá de Pepón entró en su habitación y vio a éste de rodillas, gritando, protegiéndose la cabeza con un almohadón y en el aire revoloteando, un enorme moscardón.

    El moscardón aprovechó para salir por la puerta. Empezó a recorrer la casa de un lado a otro, se chocaba con ventanas, espejos, revoloteaba alrededor de las bombillas luminosas. Volaba tan deprisa que era imposible atraparlo; la mamá de Pepón cogió un matamoscas e intentó cazarlo dando golpes, ¡Zas! ¡Zas!, contra la pared, contra las ventanas, ¡Zas!, contra las puertas, y nada, nunca le daba.

    El moscardón entró en el salón, su zumbido se confundía con los ronquidos del abuelo dormilón, “ziiiisuuussssiiizzzuuu… rgrrrraaaarrrrgoooo…” hasta que de repente, se dejó de escuchar el “zzzuuusssiiiizzuuuu” del moscardón. No lo veían ni oían, miraban por todas partes y nada; hasta que Pepón, lo vio posado en la nariz de su abuelo Ramón. Entonces, con el almohadón, atizó un gran golpe, que fue a dar en la cara del abuelo, quién de un gran salto y asustado, se levantó del sillón dando gritos de terror.

    ‑¡Socorro, socorro!—gritaba. (Soñaba que una ballena gigante en la cara le aporreaba). Cuando de repente se dio cuenta que estaba en el salón y que allí, con cara de pocos amigos estaban su hija y su nieto Pepón; la una, con un matamoscas y el otro, con un almohadón. (¿Le querían sacudir?)

    ‑Qué hacéis? - preguntó. ‑Por qué me miráis así? -y los dos al unísono señalaron al moscardón, que se había posado esta vez en el asa de un jarrón; de un jarrón de porcelana que decoraba el salón.

    ‑¡Mira abuelo está ahí! ¡Es enorme!- y el abuelo que lo vio, les dijo: ‑“pero todo este jaleo por este bichejo peludo, ¡dejadme a mí, ya veréis! -visto y no visto, el abuelo sin pensarlo le atizó con el bastón, sin darse cuenta que estaba sobre el asa del jarrón. Y “cataplán plin plon” el jarrón en trocitos al suelo cayó. El moscardón lo había esquivado y seguía volando dando vueltas sobre el abuelo y su bastón. A la mamá no le dio tiempo a gritar ( ‑¡Cuidado con el jarrón!) con cara furiosa miró al abuelo y al moscardón. Entonces Pepón se llenó de valor, se subió al sofá y dio un gran salto volando con el almohadón yyyy… ¡Zas!

    El moscardón allí estaba tumbado sobre el suelo del salón, con las patas hacia arriba sujetando el bastón. No había manera, era fuerte como un toro, veloz como un avión. Pero Pepón ya no le tenía miedo y otra vez se fue a por él; con el matamoscas de su madre y el bastón de su abuelo Ramón, uno en cada mano, parecía un helicóptero sin motor, atizando con coraje, sin descanso y con tesón.

    Al ver el moscardón al valiente Pepón con esa determinación, se puso de rodillas y le pidió perdón, le prometió irse si le abría la puerta del balcón. No quería molestarles, solo quería vivir en paz, y más ahora, cuando llega La Navidad. Entonces Pepón, conmovido, abrió la puerta del balcón y dejó que se marchara el peludo moscardón.

    Su abuelo y su mamá corrieron a abrazarle y le besaron con cariño y ternura, que emoción al mirarles; estaban orgullosos de su buena acción, había sido capaz de perdonar a aquel moscardón, aunque fuera feo y peludo, y hubiera roto el jarrón.

    Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado y ahora, si no os importa, me pongo a pegar el jarrón.


    22)


    UN DÍA DE LLUVIA

    Era un día como hoy,
    como hoy llovía a mares.
    Se cerraron los colegios,
    Nadie salía a la calle.
    Solo un perro vagabundo
    buscaba en los basurales
    algo que echarse a la boca
    sin ningún miedo a mojarse.
    No se le escapó a la niña,
    asomada a los cristales,
    la soledad de una y otro;
    trabajando están sus padres.
    Mientras miraba pensó
    hacer sitio en el garaje,
    acurrucarse a su lado
    y poco a poco acercarse.
    Imaginó que era un lobo
    en cierto modo fiable;
    pensó ser Caperucita
    por un día y un instante.
    Pero recordó del cuento
    un perturbador detalle:
    la confianza en exceso
    puede acabar en desastre.
    Maldijo a aquel cuentacuentos
    por fastidiar con crueldades
    y siguió sola en su mundo;
    también se sintió culpable.
    Moraleja no encontró,
    siguió esperando a sus padres.

    23)

    Sarita y el campano

    Al salir el sol, Ana envió a su hija Sarita a la casa de su madre María, a llevarle una comida y agua en unas cantimploras para su mamá que no podía caminar.

    Sara una niña de 10 años tenía sus cabellos rizados y un alma tan pura y transparente como el cristal. Era feliz con su abuela porque le contaba cuentos y comían juntas en medio de risas y cariño mutuo. Pero cada día su abuelita enfermaba más y más de sus piernas y no podía caminar, lo cual le daba una enorme tristeza a la niña.

    En el camino encontró un enorme Jagüey- un árbol de barbas muy largas que llegaban hasta el suelo y unas ramas que parecían brazos abiertos-. En su centro había un hueco que le llamó la atención y se acercó despacio y lentamente fue entrando hasta llegar a su interior; estaba tan oscuro, que tropezó y fue a dar al fondo de la médula del Jagüey, pero a medida que iba cayendo, ella sentía que largas barbas la sostenían y al poco tiempo ya estaba tendida sobre una alfombra suave a su tacto. De repente se encontraba en un lugar con plantas de hojas marchitas de color marrón, pájaros de plumajes oscuros que cantando con ruidos tristes le daban la bienvenida al nuevo día. Una niebla cubría el horizonte y ardillas corrían trepando por los árboles y saltaban hasta llegar a un Campano que, en su corteza, tenía unos ojos que se veían cansados, una boca reseca y movía sus ramas lentamente hasta tenderlas a la niña para que se acercara a él. Ella vaciló y unas palomas le susurraron que se acercara sin miedo y la niña obedeció.

    Con voz profunda, el árbol dijo: Hola, Soy el viejo Campano ¿cómo te llamas y hacia dónde vas?

    Soy Sara y voy donde mi abuela María que está enferma y le llevo comida y agua.

    -No temas niña, mientras deslizaba una rama sobre su cabeza y sonreía con dificultad. Ya no alcanzo las aguas del riachuelo porque me duelen mis ramas y raíces y muero de sed. ¿Me regalarías un poco del agua de tu abuelita? Eres fuerte y puedes llenar el cántaro con agua que baja de la cascada.

    La niña asintió con su cabeza y sonriendo se acercó al Campano y regó sus raíces con el agua de su cántaro y una gran luz salió de sus ramas y las plantas se tornaron verdes con flores y frutos sobre muchas de ellas. Los pájaros comieron sus frutos y trinaron melodías variadas y su sinfonía logró que el riachuelo acercara sus aguas hasta el viejo Campano.

    Sarita sonriendo al ver tanta belleza, tomó su cantimplora y la llenó de nuevo con agua para llevarle a su abuelita.

    El Campano le dio las gracias a la niña y le dijo sonriendo: Te cumpliré los deseos del corazón.
    Las ramas del Jagüey tomaron a la niña y la subieron al bosque y Sarita se fue donde su abuelita. Le entregó la comida y el agua y cuando su abuelita la bebió, se iluminó el cuarto y María se levantó, se abrazaron y sonrieron muy felices.


    24)


    Mira qué bonita

    La niña en su sayo,
    clavel en el pelo,
    sentada en el suelo,
    la gente que pasa,
    la gente que va,
    una monedita,
    o dos le dará.
    Ya vienen ya vienen,
    las lluvias de mayo,
    paraguas y botas,
    saltando en el charco,
    el charco hace ¡chuf!
    el charco hace ¡chaf!
    si pisas muy fuerte,
    me salpicarás.
    Por qué no jugamos,
    a ver como flotan,
    barquitos al agua,
    al agua del río,
    un barquito tú,
    un barquito yo,
    al final terminan,
    en el mar los dos.
    Voy a merendar,
    una magdalena,
    que me ha hecho mi abuela,
    que me ha hecho mi abuelo,
    el papel se tira,
    en la papelera,
    y nunca suelo.


    25)

    El zanganito repostero

    El zanganito Samuel es feliz en la colmena.
    No hay nadie más listo que él haciendo torta de avena.

    Y por eso, don Lemuel
    le pidió, para la cena
    que hiciera torta de miel
    con arándanos rellena.

    Muy feliz se fue Samuel
    a buscar en la alacena
    la tortera de papel
    y un poco de maicena.

    Su papito, don Lemuel
    avisó desde la almena
    que el zanganito Samuel
    haría torta de avena.

    También puso un gran cartel, hizo sonar la sirena,
    ¡e invitó a todo el cuartel a venir pronto a la cena!

    ¡Pobrecito mi Samuel
    que confundiendo la avena
    sacó de atrás de la miel
    una bolsa con arena!

    Y cuando probó Lemuel,
    pensando que estaba buena
    ¡era amarga como hiel
    por tener masa de arena!

    Al final hizo un pastel
    de cereza y yerbabuena.
    Y puso sólo el mantel,
    justo en la hora de la cena.

    ¡Qué repostero es Samuel! ¡sí que esta torta está buena!
    (y a nadie dijo Lemuel lo que ocurrió con la arena).


    26)


    El huerfanito

    Llorando se encontraba
    un pobre pino huerfanito,
    habían talado a su madre
    ahora titiritea de frío.

    Allá en el ancho valle
    aún quedan sus hermanitos
    pues tienen cerca una montaña
    donde viven becerritos.

    Abajo y arriba
    sopla despeinado el aire
    pues anda apurado
    ya casi está nevando.

    Ese pobre huerfanito
    se quedó sin madre
    pues ahora arde,
    se volvió madera
    dentro de una chimenea.

    Los leñadores utilizan
    la madera y la resina
    hacen muebles con su madre
    agradecer no saben.

    ¡Ay pobres Pino huerfanito!
    ya te dejaron sólito
    y tendrás que cuidarte por si
    pues este mundo
    traza su fin.


    27)


    Mi perrito Rintintín

    Yo tenía un perrito,
    le llamaba "Rintintín",
    era blanco, y negrito,
    retozaba en el jardín.

    Su colita era un plumero,
    que movía lado a lado,
    lo abrazaba con esmero,
    cuando estaba muy cansado.

    Su mamá, era "Muñeca",
    "Firuláis", su fiel hermano,
    les gustaba la manteca
    que lamían de mi mano.

    Se acostaban en el suelo,
    con sus patas estiradas,
    se miraban con recelo,
    con sus panzas muy heladas.

    Al jugar eran ruidosos,
    cada cual con su locura.
    Eran todos cariñosos,
    los amaba con ternura.

    Hoy mi perro está en el cielo,
    alegrando a mi papá,
    y en la Tierra sigue el duelo:
    ¡los extraña mi mamá!





     
    #31
    Última modificación: 8 de Diciembre de 2019
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  2. Dikia

    Dikia Poeta adicto al portal

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    La primera q voto a ti mi niño
    La segunda el perrito ritintin
    La tercera el zanganito repostero
    Mis votos de parte de Dikia, lo siento no sabia donde estaban,
    Un abrazo
    Dikia
     
    #32
  3. Carrizo Pacheco

    Carrizo Pacheco Jefe de Redacción Eco y Latido.Miembro del Jurado Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA Equipo Revista "Eco y latido"

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    #33
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  4. Dikia

    Dikia Poeta adicto al portal

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    Gracias a ti
    Se puede publicar mi poema e poesía infantil.
    No lo tengo, me lo puedes enviar.
    Feliz Navidad
    Un abrazo
     
    #34
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  5. Alecctriplem

    Alecctriplem Poeta que considera el portal su segunda casa

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    #35
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  6. bristy

    bristy Poeta veterano en el portal

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    Mujer
    Mis agradecimientos estimado poeta por tu magnífica participación y trabajo que hizo posible este bonito evento. Sin tí no hubiera sido posible. Mis saludos y mis mejores deseos con motivo de estas fiestas navideñas...un abrazo navideño
     
    #36

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