Charlando con la piedra

abizao

Poeta recién llegado
Está de más repetir que el humano es la única especia en el planeta tierra que es capaz de tropezar repetidamente con la misma piedra.

Está de más señalar que a veces la incapacidad de ver diferencia entre una piedra y otra puede ser la razón por la que el hombre tropiecen con las piedras del camino.

Incluso está de más recalcar, que el mundo está lleno de piedras, y vivir, caminar, experimentar en esta vida, es sinónimo de tropezar con piedras.

No importa el tamaño, de hecho el tamaño de la piedra es directamente proporcional a con qué frecuencia la recordamos, sumado a la distancia en tiempo transcurrido. Entre más pasa el tiempo y menos lo recordamos, el tamaño de la piedra disminuye.

Pero ¿el tamaño tiene que ver con el peso? ¿La piedra es de algún componente extraño que desvaría mi cerebro lo hacer arder y enloquece a mi corazón?

¿Porque el creador lleno el mundo de piedras cuando nos iba a traer tantos problemas?

¿Quién resiste más impactos? ¿Las ganas? ¿La necesidad? ¿El amor? ¿La piedra? ¿La costumbre? ¿La estupidez? ¿Yo? ¿El concreto de la acera que recibe el impacto de mi cuerpo inerte después de susodicho tropiezo?

¿Y si la piedra se convierte en mi amiga? ¿Y si sigo queriendo a la piedra?

Incluso, últimamente intente comportarme normal con la piedra a la que tanto afecto le tengo.

Intente besarla y supe que las piedras son frías.

Intente tocarla y entendí que las piedras no saben de afecto.

Intente hablarle y ¡Oh sorpresa! las piedras no responden.

Enojado, tome la piedra con mi mano y la arroje hacia el cielo. Espero que la gravedad no me castigue.
 
Está de más repetir que el humano es la única especia en el planeta tierra que es capaz de tropezar repetidamente con la misma piedra.

Está de más señalar que a veces la incapacidad de ver diferencia entre una piedra y otra puede ser la razón por la que el hombre tropiecen con las piedras del camino.

Incluso está de más recalcar, que el mundo está lleno de piedras, y vivir, caminar, experimentar en esta vida, es sinónimo de tropezar con piedras.

No importa el tamaño, de hecho el tamaño de la piedra es directamente proporcional a con qué frecuencia la recordamos, sumado a la distancia en tiempo transcurrido. Entre más pasa el tiempo y menos lo recordamos, el tamaño de la piedra disminuye.

Pero ¿el tamaño tiene que ver con el peso? ¿La piedra es de algún componente extraño que desvaría mi cerebro lo hacer arder y enloquece a mi corazón?

¿Porque el creador lleno el mundo de piedras cuando nos iba a traer tantos problemas?

¿Quién resiste más impactos? ¿Las ganas? ¿La necesidad? ¿El amor? ¿La piedra? ¿La costumbre? ¿La estupidez? ¿Yo? ¿El concreto de la acera que recibe el impacto de mi cuerpo inerte después de susodicho tropiezo?

¿Y si la piedra se convierte en mi amiga? ¿Y si sigo queriendo a la piedra?

Incluso, últimamente intente comportarme normal con la piedra a la que tanto afecto le tengo.

Intente besarla y supe que las piedras son frías.

Intente tocarla y entendí que las piedras no saben de afecto.

Intente hablarle y ¡Oh sorpresa! las piedras no responden.

Enojado, tome la piedra con mi mano y la arroje hacia el cielo. Espero que la gravedad no me castigue.

Buenos días abizao:

Me gusta como has analizado la teoría de las piedras y de sus respuestas, porque de alguna manera, no hablan, pero responden a nuestras conversaciones, en esa parada de probar si en verdad, se pone en nuestro camino, o de lo contrario, tenemos tendencia a buscarlas inconscientemente.

También quería decirte que entre las hipótesis que mencionas y te preguntas, me quedo, con las siguientes:

¿El tamaño tiene que ver con el peso?

¿Y si la piedra se convierte en mi amiga?
¿Y si sigo queriendo a la piedra?

Y digo yo, no siempre es cuestión de que nos atraiga el tropezar con un pedrusco que solo entorpece, nuestro destino, tal vez, es que estamos capacitados, para atender a la piedra y sus consecuencias.

Sin duda, me ha gustado mucho esta charla con la piedra y tu modo de exponerla.

Un saludo
 
Está de más repetir que el humano es la única especia en el planeta tierra que es capaz de tropezar repetidamente con la misma piedra.

Está de más señalar que a veces la incapacidad de ver diferencia entre una piedra y otra puede ser la razón por la que el hombre tropiecen con las piedras del camino.

Incluso está de más recalcar, que el mundo está lleno de piedras, y vivir, caminar, experimentar en esta vida, es sinónimo de tropezar con piedras.

No importa el tamaño, de hecho el tamaño de la piedra es directamente proporcional a con qué frecuencia la recordamos, sumado a la distancia en tiempo transcurrido. Entre más pasa el tiempo y menos lo recordamos, el tamaño de la piedra disminuye.

Pero ¿el tamaño tiene que ver con el peso? ¿La piedra es de algún componente extraño que desvaría mi cerebro lo hacer arder y enloquece a mi corazón?

¿Porque el creador lleno el mundo de piedras cuando nos iba a traer tantos problemas?

¿Quién resiste más impactos? ¿Las ganas? ¿La necesidad? ¿El amor? ¿La piedra? ¿La costumbre? ¿La estupidez? ¿Yo? ¿El concreto de la acera que recibe el impacto de mi cuerpo inerte después de susodicho tropiezo?

¿Y si la piedra se convierte en mi amiga? ¿Y si sigo queriendo a la piedra?

Incluso, últimamente intente comportarme normal con la piedra a la que tanto afecto le tengo.

Intente besarla y supe que las piedras son frías.

Intente tocarla y entendí que las piedras no saben de afecto.

Intente hablarle y ¡Oh sorpresa! las piedras no responden.

Enojado, tome la piedra con mi mano y la arroje hacia el cielo. Espero que la gravedad no me castigue.
lo interesante que al final, aunque se aburra de escucharnos no se moverá, estará ahí, hasta que vuelvas a la próxima charla, saludos
 

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