alicia Pérez Hernández
Poeta que no puede vivir sin el portal
Cielo o infierno, verdad o mentira
Una noche iba caminado por un jardín muy hermoso había flores de muchos colores, unas conocidas para mi y otras no, nardos, claveles, rosas, jazmines, bugambilias, gardenias... En fin, eran muchas y había un olor impregnado de fragancia exquisito, todo era hermoso. Camine, camine y se escuchaba un ruido especial de una caída de agua como de murmullo, pero, era una cascada maravillosa que despedía una brisa acariciadora, aspire aquella calma y camine, y camine hasta llegar a un rió que no tenia ni principio ni final, no supe donde comenzaba o donde terminaba, pero era un rió con agua azul, y con una calma que te sumergía en ella, y de pronto escuche voces, y al voltear veo dos hombres que se dirigen a mi y sin hablar me toma uno de cada lado y me conducen a un lugar hermoso, lo que antes describí era poco, ¡esto era fantástico!, no se como describirlo, una mesa tan larga que no le veía el fin y unos cubiertos de oro resplandeciente, una pulcritud jamás vista en otra parte. De pronto se escucha una voz que no supe de donde salió, condúzcanla a la sala visual
Nuevamente dos hombres que no les pude ver su cara me condujeron a una sala chiquita, solo cabía yo. Había una pantalla gigante, que se encendió y se vio desde mi nacimiento hasta mis 58 años de vida, había escenas muy dolorosas, había episodios de mi vida muy vergonzosos, yo no podía creer lo que estaba viendo, yo decía esa no soy yo. Pero sin duda alguna, era yo. Cuanto más avanzaba mas me consternaba y me avergonzaba, no creía lo que mis ojos veían, había cosas para mí ya olvidadas, había cosas que nunca me entere que pasaran, pero yo estaba ahí, era la protagonista de una película que no entendía y se apaga la pantalla y escuche nuevamente la voz anterior.
Llévenla al lugar que le corresponde, ¡no la quiero aquí!
Dos varones vestidos de blanco vienen por mí y me meten a otro cuarto, pero con una oscuridad jamás imaginada. Se levanta una tapa y sale una mano gigante que me quiere atrapar, adentro, se escuchaban llanto, lamento, quejidos, desgarradoras suplicas de perdón y cuando la mano me quiso jalar hacia abajo desperté y todavía mi corazón latía aceleradamente y dije que bueno que solo era un sueño (prepárate porque nunca sabemos el día ni la hora) yo soy el camino la verdad y la vida el que cree en mi aunque este muerto vivirá Jn 14: 6
Alicia Pérez Hernández
Escribo lo que pienso para hacerte pensar