BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cielos, remotos, impasibles.
Estíos absortos en su propia huida
inacabable, cielos, solos, esferas imperturbables.
Hojas acuáticas que se abren, al latido exterior, interior,
de la vida. Sucesivamente, la vida, la muerte,
doblegadas hojas que apenas supuran.
La ruina de un ascensor lejano,
la primavera acariciada por mi mano incesante,
el cabello dorado y espléndido de la amante taciturna
bajo el costado.
Absorto, absorto, cierro los ojos, no quiero ver
maravillas aéreas por ahora; son cielos nocturnos
que hieren las combadas superficies de los pájaros.
Ya no me importa que el subsuelo preserve
sus flores amarillas, sus rectángulos anegados,
sus incipientes categorías de anillos.
Todo hastío, la flor hiede a tirana-.
©
Estíos absortos en su propia huida
inacabable, cielos, solos, esferas imperturbables.
Hojas acuáticas que se abren, al latido exterior, interior,
de la vida. Sucesivamente, la vida, la muerte,
doblegadas hojas que apenas supuran.
La ruina de un ascensor lejano,
la primavera acariciada por mi mano incesante,
el cabello dorado y espléndido de la amante taciturna
bajo el costado.
Absorto, absorto, cierro los ojos, no quiero ver
maravillas aéreas por ahora; son cielos nocturnos
que hieren las combadas superficies de los pájaros.
Ya no me importa que el subsuelo preserve
sus flores amarillas, sus rectángulos anegados,
sus incipientes categorías de anillos.
Todo hastío, la flor hiede a tirana-.
©