Cien palabras.
Me gusta reciclarme en mi silencio,
acorazarme repasando su sendero,
extenderlo, retorcerlo y entenderlo,
pero nada escucho y veo a la nada.
Encubierto tras la nada que presencio,
el silencio es diamante duradero,
enterrado, puedes verlo y no saberlo,
su sonido es inaudible carcajada.
Envolviendo al hogar de lo no dicho,
nunca llama, nunca ha entrado adónde va,
acaricia su torrente ese límite durmiente
cual salitre del mar carcomiéndose un tiovivo.
¡Cuantos años ha bordeado por su nicho!
Mi singular silencio está cansado ya,
las interrogantes laten y él les miente,
y su mentir alegra, pues aún muerto ¡Sigo vivo!
Me gusta reciclarme en mi silencio,
acorazarme repasando su sendero,
extenderlo, retorcerlo y entenderlo,
pero nada escucho y veo a la nada.
Encubierto tras la nada que presencio,
el silencio es diamante duradero,
enterrado, puedes verlo y no saberlo,
su sonido es inaudible carcajada.
Envolviendo al hogar de lo no dicho,
nunca llama, nunca ha entrado adónde va,
acaricia su torrente ese límite durmiente
cual salitre del mar carcomiéndose un tiovivo.
¡Cuantos años ha bordeado por su nicho!
Mi singular silencio está cansado ya,
las interrogantes laten y él les miente,
y su mentir alegra, pues aún muerto ¡Sigo vivo!