Amelia Duna
Poeta recién llegado
Quise poner en blanco mi mente, y pedirle perdón bajo el tejado;reflejo del mar e infinito.
Quise enmendar mis errores y deshacerme en disculpas. Y mientras más pensaba en cómo hacerlo, mi garganta se cerró como una puerta de mármol de dolor,pero el silencio rompió fuerte y el tiempo me envolvió con su cobijo frío.
¿Ahora qué hago? Me pregunté a mí misma. ¿Ahora qué hago?...
Así, discretamente paseaba por los pocos recuerdos que tenía; recuerdos más felices que poseía.
Déjame llorar, te lo ruego, dije. Le supliqué. Perdóname.
Qué poco tiempo tuve… tan corto, que tu suave caricia en mi mejilla me pareció un soplo. Tan corto que el intentar guardar la rabia y demostrarte mi amor no me sirvió para nada.
En cuanto volví la vista, el cielo era ocaso de fuego; era azul en llamas, y vencida, una vez más por tu sabiduría, amor y trabajo, tuve que regresar a casa sola.
Un día más sola, por que tu tiempo y mi tiempo ya no estaban juntos.
Cuánto lo sentí. Lo que más me dolió, fue enfrentar la línea que sigue y no se detiene, la que no perdona y nunca vuelve.
Te juro que deseé poner mi mente en blanco y pedirte perdón.
Pero dudo que tus cenizas me escuchen y espero que tu alma no espere más,
porque dejar a una hija como ésta, debe ser un privilegio terrenal.
Quise enmendar mis errores y deshacerme en disculpas. Y mientras más pensaba en cómo hacerlo, mi garganta se cerró como una puerta de mármol de dolor,pero el silencio rompió fuerte y el tiempo me envolvió con su cobijo frío.
¿Ahora qué hago? Me pregunté a mí misma. ¿Ahora qué hago?...
Así, discretamente paseaba por los pocos recuerdos que tenía; recuerdos más felices que poseía.
Déjame llorar, te lo ruego, dije. Le supliqué. Perdóname.
Qué poco tiempo tuve… tan corto, que tu suave caricia en mi mejilla me pareció un soplo. Tan corto que el intentar guardar la rabia y demostrarte mi amor no me sirvió para nada.
En cuanto volví la vista, el cielo era ocaso de fuego; era azul en llamas, y vencida, una vez más por tu sabiduría, amor y trabajo, tuve que regresar a casa sola.
Un día más sola, por que tu tiempo y mi tiempo ya no estaban juntos.
Cuánto lo sentí. Lo que más me dolió, fue enfrentar la línea que sigue y no se detiene, la que no perdona y nunca vuelve.
Te juro que deseé poner mi mente en blanco y pedirte perdón.
Pero dudo que tus cenizas me escuchen y espero que tu alma no espere más,
porque dejar a una hija como ésta, debe ser un privilegio terrenal.
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