RedCam
Poeta recién llegado
No duerme nadie, siquiera las sombras.
Solo cabe esperar que el amanecer sea idéntico
o más suave,
o rezar por que no acabe la tormenta.
A través de los visillos se afanan los surcos en desenredarse
y Dionisios otea regocijado su propio devenir,
como si esperase un mar de fondo
que volviera a reinventarse.
En las manos, arena.
En los dedos, polvo.
¿Qué queda en el alma?
No rondan las palabras la luna,
si no el gesto,
y ese "si no" tal vez sea sino
y entonces se retira el calor a los cuarteles de invierno
y empieza a trazar planetas
y a crearse para creerse.
Pero miente, y lo sabe. Miente.
Solo cabe esperar que el amanecer sea idéntico
o más suave,
o rezar por que no acabe la tormenta.
A través de los visillos se afanan los surcos en desenredarse
y Dionisios otea regocijado su propio devenir,
como si esperase un mar de fondo
que volviera a reinventarse.
En las manos, arena.
En los dedos, polvo.
¿Qué queda en el alma?
No rondan las palabras la luna,
si no el gesto,
y ese "si no" tal vez sea sino
y entonces se retira el calor a los cuarteles de invierno
y empieza a trazar planetas
y a crearse para creerse.
Pero miente, y lo sabe. Miente.