Z
Zenga
Invitado
Decidieron amarse el peor día de la semana y la ciudad no prometía nada más que la contaminación total de las estaciones. Se adaptaron el uno al otro en un instante. Fue un amor silvestre y saludable, un besarse y codiciarse, lejos de los protocolos del tiempo; tratando de ahuyentar el infierno de las bocinas, el tedio de los ascensores y las demoníacas fluctuaciones del dólar.
Nadie va a escribir acerca de ellos, porque siguen con vidas. Tomando con deseo las avenidas, conectando su cuerpo lejos del ruido, los engranajes de la rutina y la ausencia. Son una bocanada salvaje de aire puro, unos gigantes blindados de vida.
Ellos, desde una esquina cercana, salvan las calles del desastre de la indiferencia.
Nadie va a escribir acerca de ellos, porque siguen con vidas. Tomando con deseo las avenidas, conectando su cuerpo lejos del ruido, los engranajes de la rutina y la ausencia. Son una bocanada salvaje de aire puro, unos gigantes blindados de vida.
Ellos, desde una esquina cercana, salvan las calles del desastre de la indiferencia.