LACRIMAMORTE
Poeta recién llegado
La tormenta había dejado de desahogar
todo su llanto doliente y lastimero
una leve brisna de bruma se evaporaba en el viento
en la quietud del cementerio
donde los suspiros no terminan
entre rosas, cipreses y crisantemos
dormía su sueño eterno mi amada Clementina
la sombra de su recuerdo se paseaba en mi alma
dirigiéndose a pensamientos etéreos
ella dormía plácidamente en camas de mármol y piedra
cubierta con mortajas que acariciaban la fúnebre tierra
fue en un día lejano y sombrío
de aquel marchito otoño
cuando la muerte la sorprendió,
siendo una niña robó su alma
y de mis brazos la apartó
cada palabra suya era en mi mente
como un recuerdo alado
que volaba en la mansión de mi alma
y posaba sus alas en mi corazón destrozado
semejando un mágico sueño una fría noche
de su tumba ella se levantó
y vestida con sudarios y mortajas
a mis brazos regresó
y brindándome sus marchitos labios
que sabían al más dulce dolor, a mi oído susurró:
"calla, bésame y calla, amado mío
no digas más otra palabra
déjame probar en la humedad de tus labios
la gloria de la vida misma"
"deja que mis huesos acaricien tu rostro
y mis cabellos marchitos se enreden en tu pecho
siente entre tus manos
el latido de mi corazón muerto"
"quiero beber gota a gota
el dulce néctar de tu sangre
sentirme viva de nuevo
hundir mi fantasma en tu carne"
y yo embriagado de amor
me entregué a esta fúnebre pasión
cerré mis ojos y quemé mi razón
en el alivio del fuego del olvido
la hiedra besaba la aurora
y la niebla se evaporaba como gotas de rocío
cuando me encontraron sobre una tumba, en agonía
con mis manos aferrándose a unos pálidos objetos
!eran los huesos de Clementina
evaporándose en el viento...!
Autor: Lacrimamorte
todo su llanto doliente y lastimero
una leve brisna de bruma se evaporaba en el viento
en la quietud del cementerio
donde los suspiros no terminan
entre rosas, cipreses y crisantemos
dormía su sueño eterno mi amada Clementina
la sombra de su recuerdo se paseaba en mi alma
dirigiéndose a pensamientos etéreos
ella dormía plácidamente en camas de mármol y piedra
cubierta con mortajas que acariciaban la fúnebre tierra
fue en un día lejano y sombrío
de aquel marchito otoño
cuando la muerte la sorprendió,
siendo una niña robó su alma
y de mis brazos la apartó
cada palabra suya era en mi mente
como un recuerdo alado
que volaba en la mansión de mi alma
y posaba sus alas en mi corazón destrozado
semejando un mágico sueño una fría noche
de su tumba ella se levantó
y vestida con sudarios y mortajas
a mis brazos regresó
y brindándome sus marchitos labios
que sabían al más dulce dolor, a mi oído susurró:
"calla, bésame y calla, amado mío
no digas más otra palabra
déjame probar en la humedad de tus labios
la gloria de la vida misma"
"deja que mis huesos acaricien tu rostro
y mis cabellos marchitos se enreden en tu pecho
siente entre tus manos
el latido de mi corazón muerto"
"quiero beber gota a gota
el dulce néctar de tu sangre
sentirme viva de nuevo
hundir mi fantasma en tu carne"
y yo embriagado de amor
me entregué a esta fúnebre pasión
cerré mis ojos y quemé mi razón
en el alivio del fuego del olvido
la hiedra besaba la aurora
y la niebla se evaporaba como gotas de rocío
cuando me encontraron sobre una tumba, en agonía
con mis manos aferrándose a unos pálidos objetos
!eran los huesos de Clementina
evaporándose en el viento...!
Autor: Lacrimamorte
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