Gonvedo
Poeta asiduo al portal
En la alta mar del viento,
las gaviotas dibujan ágiles arpegios
capaces de aherrojar la tempestad
con la holgura de su vuelo entre la grey de nubes.
Como un ángel marino quise disipar las nubes,
pero mis alas pesaban sin esperanza alguna,
grises como claustro de mi vejez,
inútiles ante la veleidad del hebdomadario celeste.
Llevada por el viento va pasando la tarde
como pasa la vida en la casa sin dueño;
camposanto y taberna como cada noviembre
y tan solo un deseo: detener el instante
en que todo parece haberse perdido.
¡Ah, si yo hubiera sabido entonces de ese letargo
tan cercano y extraño al que todos llaman muerte!
Pero desde esta ventana, sin apenas paisaje,
cierro mis ojos y distraigo mi pesar
en las sombras que empañan con su oscuro aliento
el mudo encanto de los cuerpos celestes.
Duerme ahora, fugaz estrella, duerme, no hagas más larga
aún mi soledad que tu olvido; mas antes teje
tu guirnalda de fuego y deja en mi hueco tu polvo
de luz y en mi balcón de lluvia tus pájaros ciegos.
Como cada noviembre el viento acelera mi pulso.
las gaviotas dibujan ágiles arpegios
capaces de aherrojar la tempestad
con la holgura de su vuelo entre la grey de nubes.
Como un ángel marino quise disipar las nubes,
pero mis alas pesaban sin esperanza alguna,
grises como claustro de mi vejez,
inútiles ante la veleidad del hebdomadario celeste.
Llevada por el viento va pasando la tarde
como pasa la vida en la casa sin dueño;
camposanto y taberna como cada noviembre
y tan solo un deseo: detener el instante
en que todo parece haberse perdido.
¡Ah, si yo hubiera sabido entonces de ese letargo
tan cercano y extraño al que todos llaman muerte!
Pero desde esta ventana, sin apenas paisaje,
cierro mis ojos y distraigo mi pesar
en las sombras que empañan con su oscuro aliento
el mudo encanto de los cuerpos celestes.
Duerme ahora, fugaz estrella, duerme, no hagas más larga
aún mi soledad que tu olvido; mas antes teje
tu guirnalda de fuego y deja en mi hueco tu polvo
de luz y en mi balcón de lluvia tus pájaros ciegos.
Como cada noviembre el viento acelera mi pulso.