El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Dando barritos,
tirándose lodo en el lomo,
empujándose mutuamente,
saben divertirse estos tiernos gigantes.
Como una cadena van,
la trompita enredada en la cola de mamá.
Un, dos,
un, dos.
No sé como entran cada noche por la puerta.
Hay una hembra que me ha tomado cariño,
en la cama se recuesta y me apoya la trompita en el hombro.
Y está toda la manada ahí.
Me miran tiernamente tomar mate en camiseta
con sus mundos como ojos.
Con la ternura que sólo tiene la mirada de elefante
mientras escucho a Troilo con Rivero.
Creo que hasta alguna estrofa
de Cafetín de Buenos Aires ya se aprendieron,
y me acompañan cuando desafino.
Luego de madrugada se van yendo,
una sóla cadena,
trompita y cola anudada.
La última es la hembra.
Ninguno queda cuando despierto.
Me pongo triste las noches de lluvia,
cuando mis elefantes
no vienen a visitarme en el encierro.
Los doctores dicen que voy mejor.
Vos no le digas a nadie,
pero yo creo que me voy a morir de paz,
un día, de verles mover las orejas.
Claudito, este va para tu viejo.
Ahora tenemos que encontrar la forma de convencerlo de que deje que le saquen la camiseta de Argentinos Juniors que le regalamos para que la laven, antes de que también huela a elefante. Y que deje de repetir todo el tiempo las canciones de cancha que le enseñamos y de relatar goles imaginarios porque los enfermeros y enfermeras ya están por patearle un penal en el traste.
(Aclaración que oscurece: Escrito por El Poeta del Asfalto, dictado casi todo por el Hombrecito de la Luna mediante conexión inalámbrica.)
Inspirado en un viejo poema:
tirándose lodo en el lomo,
empujándose mutuamente,
saben divertirse estos tiernos gigantes.
Como una cadena van,
la trompita enredada en la cola de mamá.
Un, dos,
un, dos.
No sé como entran cada noche por la puerta.
Hay una hembra que me ha tomado cariño,
en la cama se recuesta y me apoya la trompita en el hombro.
Y está toda la manada ahí.
Me miran tiernamente tomar mate en camiseta
con sus mundos como ojos.
Con la ternura que sólo tiene la mirada de elefante
mientras escucho a Troilo con Rivero.
Creo que hasta alguna estrofa
de Cafetín de Buenos Aires ya se aprendieron,
y me acompañan cuando desafino.
Luego de madrugada se van yendo,
una sóla cadena,
trompita y cola anudada.
La última es la hembra.
Ninguno queda cuando despierto.
Me pongo triste las noches de lluvia,
cuando mis elefantes
no vienen a visitarme en el encierro.
Los doctores dicen que voy mejor.
Vos no le digas a nadie,
pero yo creo que me voy a morir de paz,
un día, de verles mover las orejas.
¿Quién sabe como se cazaría un elefante con Luna nueva?
De todos modos,
a quíen se le ocurriría dañar a estas
tiernas bestias y su inmensa,
silenciosa,
africana
calma
Que visitan a nuestro locos en el neurosiquiátrico,
a nuestros procesados en los penales,
a nuestros pibes en los orfanatorios,
a nuestros ancianos en los hospicios,
a nuestros enfermos terminales.
En fin,
a todos esos olvidados por la especie humana,
librados a la memoria de los elefantes.
De todos modos,
a quíen se le ocurriría dañar a estas
tiernas bestias y su inmensa,
silenciosa,
africana
calma
Que visitan a nuestro locos en el neurosiquiátrico,
a nuestros procesados en los penales,
a nuestros pibes en los orfanatorios,
a nuestros ancianos en los hospicios,
a nuestros enfermos terminales.
En fin,
a todos esos olvidados por la especie humana,
librados a la memoria de los elefantes.
Claudito, este va para tu viejo.
Ahora tenemos que encontrar la forma de convencerlo de que deje que le saquen la camiseta de Argentinos Juniors que le regalamos para que la laven, antes de que también huela a elefante. Y que deje de repetir todo el tiempo las canciones de cancha que le enseñamos y de relatar goles imaginarios porque los enfermeros y enfermeras ya están por patearle un penal en el traste.
(Aclaración que oscurece: Escrito por El Poeta del Asfalto, dictado casi todo por el Hombrecito de la Luna mediante conexión inalámbrica.)
Inspirado en un viejo poema:
Luna nueva en el cielo sin sueños,
Muy oscuro.
Abril pasa, como pasó marzo,
como pasó tantas veces…
Las convencionalidades me hicieron a su medida el traje de astronauta.
“Buenas noches.
Buenos dias.
Es la consigna”,
alguien diría.
Debí inventarte,
mi propia estrella,
para sentir algo de vez en cuando.
Para no escuchar más que reproches.
Y no me importa saber tu futuro,
ni tu pasado,
hace tiempo que también me caí del cielo.
Y todavía
sigo rodando.
Luna nueva brilla por su ausencia,
abril pasa sin gloria ni pena,
como tantas cosas…
Debí inventarte,
estrella que yo sólo veo,
para sentir algo de vez en cuando.
El Poeta del Asfalto
(un viejo poema adolescente para todos los soltarios)
Muy oscuro.
Abril pasa, como pasó marzo,
como pasó tantas veces…
Las convencionalidades me hicieron a su medida el traje de astronauta.
“Buenas noches.
Buenos dias.
Es la consigna”,
alguien diría.
Debí inventarte,
mi propia estrella,
para sentir algo de vez en cuando.
Para no escuchar más que reproches.
Y no me importa saber tu futuro,
ni tu pasado,
hace tiempo que también me caí del cielo.
Y todavía
sigo rodando.
Luna nueva brilla por su ausencia,
abril pasa sin gloria ni pena,
como tantas cosas…
Debí inventarte,
estrella que yo sólo veo,
para sentir algo de vez en cuando.
El Poeta del Asfalto
(un viejo poema adolescente para todos los soltarios)