Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Es como parir al revés,
un vacío que crece,
se expande, se retuerce,
y la ausencia toma forma,
un espectro de lo que no volverá.
El amor, ese animal de fábula,
se hizo jirones entre las sábanas,
entre los platos sin lavar,
entre las palabras que nunca aprendimos a decir.
"Me duele" era demasiado tarde,
"Te extraño" era un absurdo.
Y así, el adiós llegó,
no como el trueno de las grandes tragedias, sino como el goteo incansable del grifo
que no supimos cerrar.
Hay dolores que empujan,
que abren grietas para dejar salir la vida.
Este, en cambio, se enrosca como una boa, te aprieta desde adentro,
hasta que eres nada más que silencio.
Y yo me quedo,
pariendo cada instante roto,
cada eco de tu risa que se ahoga en las paredes.
Pariendo el peso del "y si…"
y el olor de tu ausencia,
que aún flota en mi piel.
Pero quizá un día,
como toda madre sin hijo,
aprenda a caminar sin mirar atrás,
a llenar el vacío con algo que no seas tú.
Y entonces, este dolor de parto
no será más que el recuerdo de un espejismo que, como tú,
nunca fue mío del todo.
un vacío que crece,
se expande, se retuerce,
y la ausencia toma forma,
un espectro de lo que no volverá.
El amor, ese animal de fábula,
se hizo jirones entre las sábanas,
entre los platos sin lavar,
entre las palabras que nunca aprendimos a decir.
"Me duele" era demasiado tarde,
"Te extraño" era un absurdo.
Y así, el adiós llegó,
no como el trueno de las grandes tragedias, sino como el goteo incansable del grifo
que no supimos cerrar.
Hay dolores que empujan,
que abren grietas para dejar salir la vida.
Este, en cambio, se enrosca como una boa, te aprieta desde adentro,
hasta que eres nada más que silencio.
Y yo me quedo,
pariendo cada instante roto,
cada eco de tu risa que se ahoga en las paredes.
Pariendo el peso del "y si…"
y el olor de tu ausencia,
que aún flota en mi piel.
Pero quizá un día,
como toda madre sin hijo,
aprenda a caminar sin mirar atrás,
a llenar el vacío con algo que no seas tú.
Y entonces, este dolor de parto
no será más que el recuerdo de un espejismo que, como tú,
nunca fue mío del todo.