Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
No te conozco, compadre,
pero sé que un día
decidiste salir armado
de garganta y dientes
para dejar constancia
de tu canto y un viento
iracundo y miserable,
como de bestia podrida
arrastrando grandes cuchillos,
sembró de flores rojas
tu cuerpo exterminado.
Compadre, no sé quien eres,
pero por mis entrañas
cae la noche y salen gritos
y un llanto abandonado,
porque tu golpeado corazón,
en la inmensidad
de un rincón roto,
ya no seguirá el compás
de los relojes ni verá
cuándo a tu casa
llega el próximo verano.
Nada sé de ti, compadre,
pero la oscuridad
del día transcurrido se alimenta
una vez más
de sangre inocente.
pero sé que un día
decidiste salir armado
de garganta y dientes
para dejar constancia
de tu canto y un viento
iracundo y miserable,
como de bestia podrida
arrastrando grandes cuchillos,
sembró de flores rojas
tu cuerpo exterminado.
Compadre, no sé quien eres,
pero por mis entrañas
cae la noche y salen gritos
y un llanto abandonado,
porque tu golpeado corazón,
en la inmensidad
de un rincón roto,
ya no seguirá el compás
de los relojes ni verá
cuándo a tu casa
llega el próximo verano.
Nada sé de ti, compadre,
pero la oscuridad
del día transcurrido se alimenta
una vez más
de sangre inocente.
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