BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mientras, los complejos
te van agarrando, firmes,
como moluscos aferrados
a su roca, ofreciéndole su vigor,
y, boxeando frente a la orilla del mar,
buscas tu ropa, sin aprender todavía
a nadar.
Te produce pavor pensar en
el pasado, esa mirilla al patíbulo
donde creciste y creíste, donde
almacenaste poemas incansablemente.
Miras y ofreces tu camisa
hecha tirones, al primer postor
que se las haga de buen samaritano,
no escondes tu desidia, y tu humor de antaño,
hace fría tu herida.
Los pergaminos enrollados
y las buenas costumbres, atrás quedaron,
con una infancia de tiza
que sólo alberga rencores.
Tienes buen ritmo en la pegada,
no así tanto, en la danza secreta
que usan los amantes para envilecerse
y prometerse joyas y gemas, sólo
por amor.
©
te van agarrando, firmes,
como moluscos aferrados
a su roca, ofreciéndole su vigor,
y, boxeando frente a la orilla del mar,
buscas tu ropa, sin aprender todavía
a nadar.
Te produce pavor pensar en
el pasado, esa mirilla al patíbulo
donde creciste y creíste, donde
almacenaste poemas incansablemente.
Miras y ofreces tu camisa
hecha tirones, al primer postor
que se las haga de buen samaritano,
no escondes tu desidia, y tu humor de antaño,
hace fría tu herida.
Los pergaminos enrollados
y las buenas costumbres, atrás quedaron,
con una infancia de tiza
que sólo alberga rencores.
Tienes buen ritmo en la pegada,
no así tanto, en la danza secreta
que usan los amantes para envilecerse
y prometerse joyas y gemas, sólo
por amor.
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