Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Paso a paso,
callejón de imposibles,
con la suerte retorcida,
de aquellos condenados,
La pata de conejo,
de nada a servido en el llamado,
y la rosa se ha deshojado con el viento,
Oscuros augurios, dolientes melodías,
Que cierren las tumbas,
los que teman mi agonía,
que gocen los cobardes,
y que griten los locos,
Aposentos y calabozos,
Ignorantes celosos,
que no comprenden la vastedad,
el cosmos mismo abriendo sus venas,
para dar el néctar de bronce,
Esculpidas murallas,
que no detienen el fuego,
consagrado en mañas a fundir el hielo,
que no toca mi corazón,
¡Este que fue devorado por tus ganas!
Cuando tibio semen aun resbala por tus muslos,
y con sonrisa satisfecha recoges tu falda,
Dejando tus pechos vistos, con deleite sereno,
Cúpulas borrosas,
que coronan al viento,
con el orgullo ufano de lo no encontrado,
la gracia vencida, con ruina y torpeza,
que no sirva mas al celador convenido,
¿Acaso te preguntas por mi obra?
Rastrera manera de presentarte a mis pies,
que no es un indulto que otorgo,
si de mis manos obtienes la muerte pedida,
Alimentandome de tus restos,
y vejando tus mas hermosas visiones,
Fumando en tus recuerdos,
burlandome de tus sonrisas,
Cuerno de abundancia,
pretendes alcanzar con tus llantos,
sin saber que será este mismo,
que se ensañe con tu alma,
Ardiente infierno,
doliente espera,
Amplios senderos,
que terminan en laberintos,
Podridas manzanas,
que fueron antes pecado,
con la soberbia llamada,
de Él que se creyó creador de todo,
Y míralo ahora,
encadenado a mi voluntad,
perdido en las sombras,
que yo mismo comí sus ojos,
Asquerosa comedia,
representada en su nombre,
Con ardides de santos,
que no comprenden lo divino,
Señalando a la serpiente,
como fatal descenlace,
a tan idiotas palabras...
¿Crees tu en eso?
¡Lárgate entonces!
¡Cercena tu lengua antes de ofenderme!
¡Trágate tu veneno que de ellos... no me fío!
Intentos descarados,
de robarme la noche,
sin saber que yo la he creado,
para mis fines profanos,
y al tiempo lujuriosos...
Que sirvan ahora mis letras,
para gritarte a la cara,
¡Idiota mendigo!
¡Cobarde y ciego!
¡Sí... Tú!
Escucha mis palabras,
que antes que esta oda termine,
perderás la razón... entre imagenes doradas...
Ese será mi regalo,
esa será mi maldición...
Con amor... para tí...
L.V.
callejón de imposibles,
con la suerte retorcida,
de aquellos condenados,
La pata de conejo,
de nada a servido en el llamado,
y la rosa se ha deshojado con el viento,
Oscuros augurios, dolientes melodías,
Que cierren las tumbas,
los que teman mi agonía,
que gocen los cobardes,
y que griten los locos,
Aposentos y calabozos,
Ignorantes celosos,
que no comprenden la vastedad,
el cosmos mismo abriendo sus venas,
para dar el néctar de bronce,
Esculpidas murallas,
que no detienen el fuego,
consagrado en mañas a fundir el hielo,
que no toca mi corazón,
¡Este que fue devorado por tus ganas!
Cuando tibio semen aun resbala por tus muslos,
y con sonrisa satisfecha recoges tu falda,
Dejando tus pechos vistos, con deleite sereno,
Cúpulas borrosas,
que coronan al viento,
con el orgullo ufano de lo no encontrado,
la gracia vencida, con ruina y torpeza,
que no sirva mas al celador convenido,
¿Acaso te preguntas por mi obra?
Rastrera manera de presentarte a mis pies,
que no es un indulto que otorgo,
si de mis manos obtienes la muerte pedida,
Alimentandome de tus restos,
y vejando tus mas hermosas visiones,
Fumando en tus recuerdos,
burlandome de tus sonrisas,
Cuerno de abundancia,
pretendes alcanzar con tus llantos,
sin saber que será este mismo,
que se ensañe con tu alma,
Ardiente infierno,
doliente espera,
Amplios senderos,
que terminan en laberintos,
Podridas manzanas,
que fueron antes pecado,
con la soberbia llamada,
de Él que se creyó creador de todo,
Y míralo ahora,
encadenado a mi voluntad,
perdido en las sombras,
que yo mismo comí sus ojos,
Asquerosa comedia,
representada en su nombre,
Con ardides de santos,
que no comprenden lo divino,
Señalando a la serpiente,
como fatal descenlace,
a tan idiotas palabras...
¿Crees tu en eso?
¡Lárgate entonces!
¡Cercena tu lengua antes de ofenderme!
¡Trágate tu veneno que de ellos... no me fío!
Intentos descarados,
de robarme la noche,
sin saber que yo la he creado,
para mis fines profanos,
y al tiempo lujuriosos...
Que sirvan ahora mis letras,
para gritarte a la cara,
¡Idiota mendigo!
¡Cobarde y ciego!
¡Sí... Tú!
Escucha mis palabras,
que antes que esta oda termine,
perderás la razón... entre imagenes doradas...
Ese será mi regalo,
esa será mi maldición...
Con amor... para tí...
L.V.