La noche en pizarra esculpida
rodea el valle.
La luz amarilla de la sala
parece copiada de un cuadro de época,
parada, excesivamente tranquila.
La vida casi desaparece de la estancia
esta en el letargo del invierno,
acurrucada dentro del valle.
Para mi, mas que descanso,
es un paréntesis en el tiempo.
Percibo toda su belleza,
su aplastante quietud,
su vida larvada,
el vuelo de los pájaros de anochecida
atravesando “ mi campa, mi nogal”;
y mi corazón se paraliza.
Solo mi pensamiento
me saca de esa pesada cadena;
solo mis pasos
se fuerzan por pisar el Valle
y atrapar sus luces,
respirar su espíritu que me anestesia
y callan todas las mañanas
en el jardín atareada.
Con el silencio acuestas
perfilo el arriate, podo….
La tarde queda, me rodea el alma.
Me surgen las horas casi inapreciada.
Persigo los libros
detrás de la lámpara…
hasta que el sueño cubre
sin yo ser consciente
de sus dulces alas.
rodea el valle.
La luz amarilla de la sala
parece copiada de un cuadro de época,
parada, excesivamente tranquila.
La vida casi desaparece de la estancia
esta en el letargo del invierno,
acurrucada dentro del valle.
Para mi, mas que descanso,
es un paréntesis en el tiempo.
Percibo toda su belleza,
su aplastante quietud,
su vida larvada,
el vuelo de los pájaros de anochecida
atravesando “ mi campa, mi nogal”;
y mi corazón se paraliza.
Solo mi pensamiento
me saca de esa pesada cadena;
solo mis pasos
se fuerzan por pisar el Valle
y atrapar sus luces,
respirar su espíritu que me anestesia
y callan todas las mañanas
en el jardín atareada.
Con el silencio acuestas
perfilo el arriate, podo….
La tarde queda, me rodea el alma.
Me surgen las horas casi inapreciada.
Persigo los libros
detrás de la lámpara…
hasta que el sueño cubre
sin yo ser consciente
de sus dulces alas.