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Haya al final de un cosmos su tercer ojo derrama una lágrima de vertigo cuando cerrado-ciego desespera; hace un guiño recurrente al fulminante rojo de unos labios pronunciado la verdad de un centro, el tuyo por supuesto.
al final de un cosmos su tercer ojo derrama una lágrima de vertigo cuando cerrado-ciego desespera; hace un guiño recurrente al fulminante rojo de unos labios pronunciado la verdad de un centro,
Me gusta intensamente tu poema. Con todo respeto, he corregido algunas faltas ortográficas que le roban de su belleza. Ese ojo omnisciente de la intuición del cosmos ve nuestra verdad.
Un placer leerte.