Mary Mura
Poeta veterano en el portal
Confesión de una hija a su madre
María triste y pequeña
indecisa y apocada
la que no pudo ofrecerme
lo que yo tanto añoraba.
Te miro allí viejecita
a mis manos aferrada
siento que dentro de mí
las cuentas están saldadas.
Sé que te hizo feliz
que mis brazos te rodearan
cuando con todas mis fuerzas
mis caricias te brindaba.
Me diste lo que pudiste
por saber o no saber
pero siento muy adentro
que lo pude resolver.
En tu vida entre tinieblas
se que aún me encontrarás
y que dentro de tu mundo
mi amor siempre sentirás.
Te demostré mi cariño
cosiendo cada puntada
en la capita azulada
bordada con lentejuelas.
En el silencio de misa
con las manos apretadas
te trasmití mi calor
ese que tanto deseabas.
En el universo humano
no existe nada perfecto
hicimos lo que pudimos
pues la vida es solo esto.
Mary Mura

María triste y pequeña
indecisa y apocada
la que no pudo ofrecerme
lo que yo tanto añoraba.
Te miro allí viejecita
a mis manos aferrada
siento que dentro de mí
las cuentas están saldadas.
Sé que te hizo feliz
que mis brazos te rodearan
cuando con todas mis fuerzas
mis caricias te brindaba.
Me diste lo que pudiste
por saber o no saber
pero siento muy adentro
que lo pude resolver.
En tu vida entre tinieblas
se que aún me encontrarás
y que dentro de tu mundo
mi amor siempre sentirás.
Te demostré mi cariño
cosiendo cada puntada
en la capita azulada
bordada con lentejuelas.
En el silencio de misa
con las manos apretadas
te trasmití mi calor
ese que tanto deseabas.
En el universo humano
no existe nada perfecto
hicimos lo que pudimos
pues la vida es solo esto.
Mary Mura
Última edición: