James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Como cuando cesan los aplausos
en la contienda que envilece el acto de fe...
En el descubrimiento de revivir incesantemente
en ahondar en la cicatriz y arañar con la caricia...
Tampoco puede el poeta vestir la palabra de soberbia,
el cantamañanas que cede la puerta y ante la proximidad
de una deuda decirte : -Despierta!.
Cuando la venda prenda la mirada
en cada escalera que siempre va hacia abajo...
y apagar la vela y gritar : Despacio....
Y la muerte venía lenta.... dijo: Consuela...Zapatos...
en el caparazón terco donde se hace uno mismo....
en la contienda que envilece el acto de fe...
En el descubrimiento de revivir incesantemente
en ahondar en la cicatriz y arañar con la caricia...
Tampoco puede el poeta vestir la palabra de soberbia,
el cantamañanas que cede la puerta y ante la proximidad
de una deuda decirte : -Despierta!.
Cuando la venda prenda la mirada
en cada escalera que siempre va hacia abajo...
y apagar la vela y gritar : Despacio....
Y la muerte venía lenta.... dijo: Consuela...Zapatos...
en el caparazón terco donde se hace uno mismo....
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