supersoulazul
Poeta recién llegado
Otra vez: una niña en los andenes,
son la bolsa, su vuelo y el paisaje.
Su latido, la tinta contra muros,
los jirones del vientre: dulce espera,
contra muros de tinto: la desidia,
nadie vuelve: ni nombres ni carteles.
Buenos Aires: los nombres sin carteles.
Hay trazos de una niña en los andenes.
Hay un pálpito tinto: la desidia.
De bolsas nace el vuelo del paisaje.
Es de bolsa su vientre: dulce espera.
Muerde grietas la tinta, muerde muros.
La fiebre de la tinta arde en los muros.
La tinta borra nombres de carteles.
Una bolsa, su vientre: cruda espera.
La fiebre va en la niña, en los andenes.
Y oculta el falso vuelo del paisaje.
Su piel la tiñe el tinto: la desidia.
Se desploma otro tinto en la desidia.
Es creciente la tinta de los muros.
Es agónico el vuelo del paisaje.
Ya no quedan ni nombres en carteles.
Y menguante es la niña en los andenes.
El vacío del vientre: dulce espera.
Buenos Aires, tu vientre ya no espera.
Tus andenes de tinto, de desidia.
Nadie espera una niña en los andenes.
Tanto tinto en la tinta, tantos muros.
No conoces sus nombres: son carteles.
Buenos Aires sin vuelo, sin paisaje.
Y una niña alza vuelo: su paisaje
es un árido vientre en dulce espera.
Hay un nombre, mil nombres sin carteles.
Sin el tinte del tinto, sin desidia.
Sin manchones de tinta en otros muros.
Sin tu nombre, mi niña… y sin andenes.
Un paisaje de vientre: el vuelo espera.
Carteles, nombres, tinto sin desidia.
Niña, andenes sin tinta; niña, muros…
son la bolsa, su vuelo y el paisaje.
Su latido, la tinta contra muros,
los jirones del vientre: dulce espera,
contra muros de tinto: la desidia,
nadie vuelve: ni nombres ni carteles.
Buenos Aires: los nombres sin carteles.
Hay trazos de una niña en los andenes.
Hay un pálpito tinto: la desidia.
De bolsas nace el vuelo del paisaje.
Es de bolsa su vientre: dulce espera.
Muerde grietas la tinta, muerde muros.
La fiebre de la tinta arde en los muros.
La tinta borra nombres de carteles.
Una bolsa, su vientre: cruda espera.
La fiebre va en la niña, en los andenes.
Y oculta el falso vuelo del paisaje.
Su piel la tiñe el tinto: la desidia.
Se desploma otro tinto en la desidia.
Es creciente la tinta de los muros.
Es agónico el vuelo del paisaje.
Ya no quedan ni nombres en carteles.
Y menguante es la niña en los andenes.
El vacío del vientre: dulce espera.
Buenos Aires, tu vientre ya no espera.
Tus andenes de tinto, de desidia.
Nadie espera una niña en los andenes.
Tanto tinto en la tinta, tantos muros.
No conoces sus nombres: son carteles.
Buenos Aires sin vuelo, sin paisaje.
Y una niña alza vuelo: su paisaje
es un árido vientre en dulce espera.
Hay un nombre, mil nombres sin carteles.
Sin el tinte del tinto, sin desidia.
Sin manchones de tinta en otros muros.
Sin tu nombre, mi niña… y sin andenes.
Un paisaje de vientre: el vuelo espera.
Carteles, nombres, tinto sin desidia.
Niña, andenes sin tinta; niña, muros…
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