acontista1967
Poeta recién llegado
Contrición
Sí, lancé la piedra y justo le fui a dar en la cabeza;
Él miró para atrás en un acto reflejo,
Me vio y no protestó, sólo se puso triste;
Triste como sucede a veces
Cuando la adversidad te obsede por capricho.
Sí, él estaba durmiendo su siesta vespertina,
Como el niño que era,
Lo sacudí apurado, diciéndole que era tarde
Para ir a la escuela,
Se levantó y corrió a la calle arrastrando sus cuadernos,
Tuve que correr tras él para hacerlo volver,
“Era sólo una broma”.
Él no se disgustó, no me dio el puñetazo que bien me merecía,
Y que hubiera podido curarme de la culpa,
No me recriminó, sólo se puso triste;
Triste como la sombra de un objeto mojado y plateado por la luna.
Sí, a hurtadillas tomé una pequeña astilla del fogón
Y sutilmente, toqué con su punta candente
El blanco pie de mi hermano;
Él chilló de dolor,
Lloró por un momento pero no dijo nada.
Y no me dio la trilla que hubiera merecido por tamaña sandez;
Sólo se puso triste,
Triste como quien es objeto de una sinrazón
De quien menos lo espera.
Sí, entre la noche oscura y con sigilo
Me acerqué a la habitación donde él preparaba su día de mañana,
Luz adentro encendida, oscuridad afuera,
De horror fue su carita cuando se percató
Que unos ojos fulgentes chispeaban por entre una rendija.
Nunca me reprochó ser el hermano malo
Sólo se fue poniendo triste,
Triste entre un silencio que creció entre los dos
Como una gran muralla,
Triste y distante como una montaña erosionada
Por el agua inclemente, copiosa y pertinaz
De la pueril maldad de su hermanito malo.
Sí, lancé la piedra y justo le fui a dar en la cabeza;
Él miró para atrás en un acto reflejo,
Me vio y no protestó, sólo se puso triste;
Triste como sucede a veces
Cuando la adversidad te obsede por capricho.
Sí, él estaba durmiendo su siesta vespertina,
Como el niño que era,
Lo sacudí apurado, diciéndole que era tarde
Para ir a la escuela,
Se levantó y corrió a la calle arrastrando sus cuadernos,
Tuve que correr tras él para hacerlo volver,
“Era sólo una broma”.
Él no se disgustó, no me dio el puñetazo que bien me merecía,
Y que hubiera podido curarme de la culpa,
No me recriminó, sólo se puso triste;
Triste como la sombra de un objeto mojado y plateado por la luna.
Sí, a hurtadillas tomé una pequeña astilla del fogón
Y sutilmente, toqué con su punta candente
El blanco pie de mi hermano;
Él chilló de dolor,
Lloró por un momento pero no dijo nada.
Y no me dio la trilla que hubiera merecido por tamaña sandez;
Sólo se puso triste,
Triste como quien es objeto de una sinrazón
De quien menos lo espera.
Sí, entre la noche oscura y con sigilo
Me acerqué a la habitación donde él preparaba su día de mañana,
Luz adentro encendida, oscuridad afuera,
De horror fue su carita cuando se percató
Que unos ojos fulgentes chispeaban por entre una rendija.
Nunca me reprochó ser el hermano malo
Sólo se fue poniendo triste,
Triste entre un silencio que creció entre los dos
Como una gran muralla,
Triste y distante como una montaña erosionada
Por el agua inclemente, copiosa y pertinaz
De la pueril maldad de su hermanito malo.