Kein Williams
Poeta fiel al portal
En un rincón solitario y triste de su ser,
un niño con el corazón roto comienza a padecer,
ha visto con tristeza cómo su mundo se deshace,
pues la niña que ama, a otro corazón complace.
Sus ojos, una vez llenos de ilusión y alegría,
hoy reflejan la sombra de una profunda agonía,
en su pecho, un vacío que parece no tener fin,
pues el amor que anhelaba se escapa de su jardín.
Suspira el niño, sus lágrimas fluyen como río,
mientras el dolor en su pecho le quema, desafío,
sus sueños destrozados, sus esperanzas en ruinas,
ante el cruel desencanto que el destino le destina.
La niña que ama, radiante y llena de encanto,
ha encontrado en otro su amor, su dulce canto,
y el niño observa desde la sombra, en silencio,
mientras su corazón se rompe, sin alivio ni remedio.
Se consume en la tristeza, se duele en el dolor,
sus ilusiones se desvanecen, se pierden en el color,
de un amor no correspondido que le hiere hasta el alma,
y las lágrimas en sus mejillas dibujan su triste calma.
No le importa que todo el mundo vea su llanto,
¿cómo se olvida a quien has querido tanto?
Se dice a sí mismo que no volverá a amar,
primer corazón roto a sus seis años de edad.
Y desde un rincón paralelo hay una niña,
que sufre su angustia y llora mientras lo mira,
ella entiende muy bien el contexto de la trama,
porque también ama a quien no la ama.
Y aunque quiera acercarse y poderle abrazar
sus pies enraizados no la dejan caminar
y es así como en medio del murmullo de otros
un amor produce alegría, y también corazones rotos.
un niño con el corazón roto comienza a padecer,
ha visto con tristeza cómo su mundo se deshace,
pues la niña que ama, a otro corazón complace.
Sus ojos, una vez llenos de ilusión y alegría,
hoy reflejan la sombra de una profunda agonía,
en su pecho, un vacío que parece no tener fin,
pues el amor que anhelaba se escapa de su jardín.
Suspira el niño, sus lágrimas fluyen como río,
mientras el dolor en su pecho le quema, desafío,
sus sueños destrozados, sus esperanzas en ruinas,
ante el cruel desencanto que el destino le destina.
La niña que ama, radiante y llena de encanto,
ha encontrado en otro su amor, su dulce canto,
y el niño observa desde la sombra, en silencio,
mientras su corazón se rompe, sin alivio ni remedio.
Se consume en la tristeza, se duele en el dolor,
sus ilusiones se desvanecen, se pierden en el color,
de un amor no correspondido que le hiere hasta el alma,
y las lágrimas en sus mejillas dibujan su triste calma.
No le importa que todo el mundo vea su llanto,
¿cómo se olvida a quien has querido tanto?
Se dice a sí mismo que no volverá a amar,
primer corazón roto a sus seis años de edad.
Y desde un rincón paralelo hay una niña,
que sufre su angustia y llora mientras lo mira,
ella entiende muy bien el contexto de la trama,
porque también ama a quien no la ama.
Y aunque quiera acercarse y poderle abrazar
sus pies enraizados no la dejan caminar
y es así como en medio del murmullo de otros
un amor produce alegría, y también corazones rotos.