Francisco Camavilca
Poeta recién llegado
Sabía que esto terminaría como siempre, sabia que tendría que llorar nuevamente, no quedaba ninguna duda de lo que me esperaba, no importa. Con la migaja que me das me sobra para existir, si con solo mirarte de lejos aunque tú no lo notes ya he alcanzado el cielo.
Eres la llave de la felicidad, y también el candado que me encierra en la desdicha, eres el sol que me alumbra en las mañanas y la tiniebla que oscurece mi vida, eres la encrucijada de mi destino.
A veces creo conocerte bien, y a veces te desconozco completamente, puedes llegar a ser fuego en las noches y hielo en el día, puedes ser ternura y amor algunas veces y otras veces la espada que clava mi corazón.
A donde el viento mi barca a de guiar, en que nuevos puertos desembarcare, que otras alegrías me esperaran y cuantas lagrimas aun me quedan por derramar, he perdido mi brújula en este inmenso mar de la vida, no encuentro el norte, y menos el sur, las estrellas que me guiaban, y el sol que me alumbraban desaparecieron, solo una densa neblina me cubre por completo, aun me pregunto en que laberinto he caído.
Como encontrar la verdad en un libro de falsedades, como buscar el sol en la noche y como evitar mojarse durante la lluvia, son algunas cosas que aun no he llegado a resolver, mas compleja aun es preguntarle a la vida el camino a la felicidad, mas perdido aun estoy yo en este camino que aquella estrella fugas que cruza el cielo en las noches.