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Cosas

dragon_ecu

Esporádico permanente
Con algo de sueño aletargado por una mala postura en el coche.

El cuello adolorido y los hombros tensos, con la montura de los lentes fuera del asiento natural en mi nariz.
Con los ojos semicerrados, los pies autómatas van adivinando los escalones al sonido de cada peldaño que chirría bajo mi peso.

Es tan grande el cansancio.

Abro los brazos en cruz mientras mi cuerpo colapsa...
El colchón cede y mis manos arrastran la cobija, me retuerzo crisálida de mariposa, insecto listo para metamorfosear.

Los ojos no necesitan que los cierre... y la montura se desliza cayendo los lentes sobre la alfombra.
Siento unas manos ayudando a acomodar mi cuerpo, a levantar las piernas desde el filo y meterlos más al centro.

El viejo reloj de campanas me arrulla con su bip---- ¿bip?

¿Dónde se esconde el sonoro tic tac que tanto tiempo me ha acompañado?

Con sorpresa abro los ojos y me encuentro durmiendo en posición fetal.
Como si hubiera abandonado ese envoltorio.
Me siento libre de toda atadura física, y hasta los pensamientos parecen brotar de mi boca en letras en lugar de sonidos.

Una música me inunda desde todas partes... coros de voces en otro idioma, acordes diferentes del típico doremi, vibratos de cuerdas que más parecen tambores y címbalos.

El abecedario se nutre a sí mismo y surgen hormigueros de patas en tinta negra.
Son caracteres olvidados de tantos textos que pensé escribir... y no pasaron hasta la boca o las manos.

Podría un evento fortuito conceder la gracia de recuperar tantas viejas historias que nunca tuvieron conteo en el tiempo. Que nunca vieron la luz de los ojos de la persona que amo.

Sueño con el corazón latiendo deprisa, mientras mi mano se mueve haciendo garabatos en el aire.
Mientras los lentes ya no hacen falta y las hojas se alinean solas sin necesidad que las ordene con pulcritud,
sueño...

Si pudiera compartir este sitio con mi alma gemela, nunca me atrevería a terminar el poema, para no llegar al final de nuestro encuentro.

El viento mueve todo
desliza las brumas
desordena las colchas
bate las ventanas
y cada hoja testigo del momento...
se desordena en un laberinto.

La agitación me obliga a abrir los ojos a pesar del dolor de la luz. Estoy donde debo estar.

Cada cosa en su lugar... aunque sean diferentes... ante mis ojos.

 
Con algo de sueño aletargado por una mala postura en el coche.

El cuello adolorido y los hombros tensos, con la montura de los lentes fuera del asiento natural en mi nariz.
Con los ojos semicerrados, los pies autómatas van adivinando los escalones al sonido de cada peldaño que chirría bajo mi peso.

Es tan grande el cansancio.

Abro los brazos en cruz mientras mi cuerpo colapsa...
El colchón cede y mis manos arrastran la cobija, me retuerzo crisálida de mariposa, insecto listo para metamorfosear.

Los ojos no necesitan que los cierre... y la montura se desliza cayendo los lentes sobre la alfombra.
Siento unas manos ayudando a acomodar mi cuerpo, a levantar las piernas desde el filo y meterlos más al centro.

El viejo reloj de campanas me arrulla con su bip---- ¿bip?

¿Dónde se esconde el sonoro tic tac que tanto tiempo me ha acompañado?

Con sorpresa abro los ojos y me encuentro durmiendo en posición fetal.
Como si hubiera abandonado ese envoltorio.
Me siento libre de toda atadura física, y hasta los pensamientos parecen brotar de mi boca en letras en lugar de sonidos.

Una música me inunda desde todas partes... coros de voces en otro idioma, acordes diferentes del típico doremi, vibratos de cuerdas que más parecen tambores y címbalos.

El abecedario se nutre a sí mismo y surgen hormigueros de patas en tinta negra.
Son caracteres olvidados de tantos textos que pensé escribir... y no pasaron hasta la boca o las manos.

Podría un evento fortuito conceder la gracia de recuperar tantas viejas historias que nunca tuvieron conteo en el tiempo. Que nunca vieron la luz de los ojos de la persona que amo.

Sueño con el corazón latiendo deprisa, mientras mi mano se mueve haciendo garabatos en el aire.
Mientras los lentes ya no hacen falta y las hojas se alinean solas sin necesidad que las ordene con pulcritud,
sueño...

Si pudiera compartir este sitio con mi alma gemela, nunca me atrevería a terminar el poema, para no llegar al final de nuestro encuentro.

El viento mueve todo
desliza las brumas
desordena las colchas
bate las ventanas
y cada hoja testigo del momento...
se desordena en un laberinto.

La agitación me obliga a abrir los ojos a pesar del dolor de la luz. Estoy donde debo estar.

Cada cosa en su lugar... aunque sean diferentes... ante mis ojos.

No se puede parar de soñar y de querer llegar al lugar más alto.

Saludos
 
Con algo de sueño aletargado por una mala postura en el coche.

El cuello adolorido y los hombros tensos, con la montura de los lentes fuera del asiento natural en mi nariz.
Con los ojos semicerrados, los pies autómatas van adivinando los escalones al sonido de cada peldaño que chirría bajo mi peso.

Es tan grande el cansancio.

Abro los brazos en cruz mientras mi cuerpo colapsa...
El colchón cede y mis manos arrastran la cobija, me retuerzo crisálida de mariposa, insecto listo para metamorfosear.

Los ojos no necesitan que los cierre... y la montura se desliza cayendo los lentes sobre la alfombra.
Siento unas manos ayudando a acomodar mi cuerpo, a levantar las piernas desde el filo y meterlos más al centro.

El viejo reloj de campanas me arrulla con su bip---- ¿bip?

¿Dónde se esconde el sonoro tic tac que tanto tiempo me ha acompañado?

Con sorpresa abro los ojos y me encuentro durmiendo en posición fetal.
Como si hubiera abandonado ese envoltorio.
Me siento libre de toda atadura física, y hasta los pensamientos parecen brotar de mi boca en letras en lugar de sonidos.

Una música me inunda desde todas partes... coros de voces en otro idioma, acordes diferentes del típico doremi, vibratos de cuerdas que más parecen tambores y címbalos.

El abecedario se nutre a sí mismo y surgen hormigueros de patas en tinta negra.
Son caracteres olvidados de tantos textos que pensé escribir... y no pasaron hasta la boca o las manos.

Podría un evento fortuito conceder la gracia de recuperar tantas viejas historias que nunca tuvieron conteo en el tiempo. Que nunca vieron la luz de los ojos de la persona que amo.

Sueño con el corazón latiendo deprisa, mientras mi mano se mueve haciendo garabatos en el aire.
Mientras los lentes ya no hacen falta y las hojas se alinean solas sin necesidad que las ordene con pulcritud,
sueño...

Si pudiera compartir este sitio con mi alma gemela, nunca me atrevería a terminar el poema, para no llegar al final de nuestro encuentro.

El viento mueve todo
desliza las brumas
desordena las colchas
bate las ventanas
y cada hoja testigo del momento...
se desordena en un laberinto.

La agitación me obliga a abrir los ojos a pesar del dolor de la luz. Estoy donde debo estar.

Cada cosa en su lugar... aunque sean diferentes... ante mis ojos.

Muy bella prosa y ese pequeño poema al final muy bueno. Un abrazo estimado amigo Dragón. Un abrazo con la pluma del alma. Buen día
 

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