Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Guardé mi espada
y conseguí alojamiento en un palacio
comida, descanso y el trabajo que pedí,
un "buenos días, que Dios me lo acompañe”
y otras cosas y detalles peculiares
que son extrañas para mí.
Conseguí un valor para la vida
nostalgia y alegría,
un comienzo y un fin,
un letargo, un silencio,
un griterío de improperios,
un campo de batalla
y la última amenaza de partir.
Valió la pena
acostumbrarme a la distancia
acomodarme en la nada
y vestirme con trapos de dormir.
Valió la pena morirme en el intento
y aprenderme el credo de mentiras
que deambulan por la vía
que me sirve de acceso al infierno.
La mayor de las tristezas es no confiar
la mayor de las venganzas un estornudo,
mañana cuando vuelva del trabajo
te platico del ayuno de caricias que aprendí.
Compré para mi guía la memoria
con diez gigas de espacio
y un vestido de novia para bailar un vals,
un tango, un sacristán, un parque en las nubes,
hace varias semanas que anduve
escapando del buen juicio,
y le gané un juego de naipes al diablo
que reclamaba la poca bondad que me queda.
Conseguí una mujer que lava mi alma
que creía que no era tan bella
y era una princesa de cuentos de hadas,
la más brillante de los astros del cielo
una dama en la puerta de casa
y el perfecto pecado para ir a dormir.
Valió la pena esfumarme de mis pensamientos
y cargar mis cruces por dentro y por fuera
subiendo el Gólgota a como sube mi renta
y esperar mi crucifixión
pues estoy en lista de espera.
La mayor de las tristezas es no confiar
más que en la sombra que se desvanece
en el triste vacío que causa la muerte
de un amor jamás correspondido.
y conseguí alojamiento en un palacio
comida, descanso y el trabajo que pedí,
un "buenos días, que Dios me lo acompañe”
y otras cosas y detalles peculiares
que son extrañas para mí.
Conseguí un valor para la vida
nostalgia y alegría,
un comienzo y un fin,
un letargo, un silencio,
un griterío de improperios,
un campo de batalla
y la última amenaza de partir.
Valió la pena
acostumbrarme a la distancia
acomodarme en la nada
y vestirme con trapos de dormir.
Valió la pena morirme en el intento
y aprenderme el credo de mentiras
que deambulan por la vía
que me sirve de acceso al infierno.
La mayor de las tristezas es no confiar
la mayor de las venganzas un estornudo,
mañana cuando vuelva del trabajo
te platico del ayuno de caricias que aprendí.
Compré para mi guía la memoria
con diez gigas de espacio
y un vestido de novia para bailar un vals,
un tango, un sacristán, un parque en las nubes,
hace varias semanas que anduve
escapando del buen juicio,
y le gané un juego de naipes al diablo
que reclamaba la poca bondad que me queda.
Conseguí una mujer que lava mi alma
que creía que no era tan bella
y era una princesa de cuentos de hadas,
la más brillante de los astros del cielo
una dama en la puerta de casa
y el perfecto pecado para ir a dormir.
Valió la pena esfumarme de mis pensamientos
y cargar mis cruces por dentro y por fuera
subiendo el Gólgota a como sube mi renta
y esperar mi crucifixión
pues estoy en lista de espera.
La mayor de las tristezas es no confiar
más que en la sombra que se desvanece
en el triste vacío que causa la muerte
de un amor jamás correspondido.
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