El crepúsculo se alzó,
perezoso y remolón,
soñando con el amanecer,
queriéndolo tocar.
Añorando las flores abiertas
tocadas por luz otoñal,
percibiendo sus delicadas formas,
con toda la claridad ,
que gesta la luz del día
sin noche que implantar.
Suspira por lo que no conoce,
en aquello que se atreve a imaginar.
Y su sueño es más hermoso,
porque esa posibilidad no se dará.
El amanecer se estira,
queriendo un poco divisar,
la oscuridad misteriosa
que al ocaso acompaña
como una capa de astracán.
Sueña con las criaturas
que se arrastran en las tinieblas;
murciélagos que con sus alas rozan
las cuevas sombrías,
bajo tierra escondidas.
Suspira por ese aspecto mágico,
de ruidos sin identificar,
murmullos sin rostro,
gritos que a lo lejos se perderán;
y su imaginación galopa
con lo imposible que allí encontrará
pues el resplandor que le cubre
nunca le permitirá observar.
perezoso y remolón,
soñando con el amanecer,
queriéndolo tocar.
Añorando las flores abiertas
tocadas por luz otoñal,
percibiendo sus delicadas formas,
con toda la claridad ,
que gesta la luz del día
sin noche que implantar.
Suspira por lo que no conoce,
en aquello que se atreve a imaginar.
Y su sueño es más hermoso,
porque esa posibilidad no se dará.
El amanecer se estira,
queriendo un poco divisar,
la oscuridad misteriosa
que al ocaso acompaña
como una capa de astracán.
Sueña con las criaturas
que se arrastran en las tinieblas;
murciélagos que con sus alas rozan
las cuevas sombrías,
bajo tierra escondidas.
Suspira por ese aspecto mágico,
de ruidos sin identificar,
murmullos sin rostro,
gritos que a lo lejos se perderán;
y su imaginación galopa
con lo imposible que allí encontrará
pues el resplandor que le cubre
nunca le permitirá observar.