Crónica del condenado

J.E.Mozo

Docente, Poeta y Persona (Tal vez en otro orden)
Mis respetos a todas las indolentes criaturas
que me comparten una porción de su oxígeno
pues, desgraciadamente, no soy terrígeno,
me precipitaron desde las virtuosas alturas.

Filarmónicas horribles cantaban lúgubres
ante tal vil atropello, violencia a mi virtud
arrojado culpable desde tal inmensa altitud
estrellándome contra los valles y montes.

Caí aún más por el impulso, hacia el centro,
líquido e hirviente magma furioso, infierno
tierra inhóspita sin clara ley ni gobierno…
con millones de impíos perdidos dentro.

Aún no nacen al mundo, y aquí ya yacen
chillan, cantan alabanzas por perdón,
mas carezco de cualquier autoridad o pendón,
sus ruegos solo hacen eco, me displacen.

¿Qué quieren de mí, redención acaso?
solo soy otro pecador, otro condenado más
eterno aquí estancado y el mandamás
al menos hasta el final y brillante ocaso.
 
Última edición:
La lujuria no es el buen camino.
Como tampoco lo es la soberbia.
Además, la avaricia rompe el saco.
Por supuesto, la crueldad nos lleva al Infierno.
Entonces, la única salida es la bondad, por medio de la comprensión de lo abstracto.
Y en esa abstracción, la simbología, el análisis, la síntesis y la metáfora.
Es decir: Los doce signos del Zodíaco.
O los escudos de armas, para cada apellido.
El significado de los nombres...
Y tantas otras cosas que nos dibujan. Nos definen y determinan una actitud, ante la vida.


Plasmando la coherencia, con el diseño creador, emanado de aquél que nunca se abstiene de intervenir, si hiciera falta.
 

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