alfredo ajo gonzalez
Poeta fiel al portal
La cuadra, situada en la parte baja de la casa,
estaba llena de esclavos negros,
atados a grandes troncos
y apilados entre sí,
todos eran fuertes y jóvenes,
sabían que no podían llegar a viejos,
y al mirarse, sentían una intensa lástima los unos de los otros.
En la parte superior de la casa estaba el desván,
allí los blancos dormían
un sueño de lluvias y brisas,
brisas que transportaban gotas de agua,
gotas, que a través de las verdes yerbas de las praderas ,
llegaban a ellos;
cayéndoles generosas en sus labios,
les saciaban la sed y les refrescaban el rostro.
Dormían todos esparcidos en el suelo,
no había lugar para más blancos,
y al despertar
se dieron cuenta que su tejado estaba lleno de goteras,
que el placer del agua y las brisas
en sus labios era mentira,
que lo único que había hecho su sueño,
era alargarles unos minutos más el necesario descanso.
Se levantaron y vieron los pijamitas de sus niños mojados,
la angustia les invadió, estaban indefensos.
La casa estaba compuesta,
como hemos dicho antes,
como vuelvo a repetir ahora,
de dos plantas:
un desván y una cuadra,
no había ninguna planta en medio,
con cocina, pasillo, habitaciones, baño.
Alguien impidió que la historia fuese de otra manera.
Sólo cabe un vuelo individual
que atraviese las dos puertas de madera,
sin abrirlas, la intemperie está dentro de la casa,
(no vaya a ser que salga fuera).
estaba llena de esclavos negros,
atados a grandes troncos
y apilados entre sí,
todos eran fuertes y jóvenes,
sabían que no podían llegar a viejos,
y al mirarse, sentían una intensa lástima los unos de los otros.
En la parte superior de la casa estaba el desván,
allí los blancos dormían
un sueño de lluvias y brisas,
brisas que transportaban gotas de agua,
gotas, que a través de las verdes yerbas de las praderas ,
llegaban a ellos;
cayéndoles generosas en sus labios,
les saciaban la sed y les refrescaban el rostro.
Dormían todos esparcidos en el suelo,
no había lugar para más blancos,
y al despertar
se dieron cuenta que su tejado estaba lleno de goteras,
que el placer del agua y las brisas
en sus labios era mentira,
que lo único que había hecho su sueño,
era alargarles unos minutos más el necesario descanso.
Se levantaron y vieron los pijamitas de sus niños mojados,
la angustia les invadió, estaban indefensos.
La casa estaba compuesta,
como hemos dicho antes,
como vuelvo a repetir ahora,
de dos plantas:
un desván y una cuadra,
no había ninguna planta en medio,
con cocina, pasillo, habitaciones, baño.
Alguien impidió que la historia fuese de otra manera.
Sólo cabe un vuelo individual
que atraviese las dos puertas de madera,
sin abrirlas, la intemperie está dentro de la casa,
(no vaya a ser que salga fuera).
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