rafael prado
Poeta recién llegado
Ya no se escuchan tus risas,
tus cuentos ni tus lamentos.
Ahora en los largos pasillos
en los jardines de rosas,
y los cultivos del huerto
nadie sabe que exististe,
que reíste y caminaste,
que lloraste y te enamoraste.
Ya no se escuchan tus risas,
y nunca sabrán que reíste,
Porque nadie sabe que exististe.
Cuanto dolor en tu alma,
que vaga como una sombra,
Por esa casa que amaste
cuidaste y la adoraste;
nadie sabe que exististe,
que reíste y te enamoraste.
Por esos largos pasillos,
por sus piezas calurosas,
por sus calles polvorientas,
por la iglesia donde rezaste,
por el parque, por la loma,
nadie sabe que exististe.
tus cuentos ni tus lamentos.
Ahora en los largos pasillos
en los jardines de rosas,
y los cultivos del huerto
nadie sabe que exististe,
que reíste y caminaste,
que lloraste y te enamoraste.
Ya no se escuchan tus risas,
y nunca sabrán que reíste,
Porque nadie sabe que exististe.
Cuanto dolor en tu alma,
que vaga como una sombra,
Por esa casa que amaste
cuidaste y la adoraste;
nadie sabe que exististe,
que reíste y te enamoraste.
Por esos largos pasillos,
por sus piezas calurosas,
por sus calles polvorientas,
por la iglesia donde rezaste,
por el parque, por la loma,
nadie sabe que exististe.
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