Cuando se está en una sala de espera
del hospital es necesario caminar,
de aquí para el otro lado, dar la vuelta
y recomenzar hasta que pase,
no para justificarlos, ni menos por fastidio,
pero por lo menos estar en sintonía
con el vaivén de tus temores,
desgranando pensamientos irrelevantes,
no graves, acorralado de azulejos blancos
y el olor a desinfectante.
Es todo cuestión de esperar.
(Pero de golpe la puerta de vidrio
se abre,
y con un viento como de miedo
entra un niño asustado
con su osito de peluche,
bien apretado contra su pecho,
y él,
colgado,
aferrado a la mano de su padre).
del hospital es necesario caminar,
de aquí para el otro lado, dar la vuelta
y recomenzar hasta que pase,
no para justificarlos, ni menos por fastidio,
pero por lo menos estar en sintonía
con el vaivén de tus temores,
desgranando pensamientos irrelevantes,
no graves, acorralado de azulejos blancos
y el olor a desinfectante.
Es todo cuestión de esperar.
(Pero de golpe la puerta de vidrio
se abre,
y con un viento como de miedo
entra un niño asustado
con su osito de peluche,
bien apretado contra su pecho,
y él,
colgado,
aferrado a la mano de su padre).