romaguce
Poeta recién llegado
El toque desierto del crepúsculo,
Serenata de ruidos inmóviles
Que aletargan las sombras huidas al azar;
Metamorfosis de llanto que inunda su caída
Cuando las aves, callan el lamento del fuego
Crepitante y austero.
Ya no se sienten las miradas, se esconden
De la ira, del incesto de la luna estrellada,
Y la mar, agónica, entumece las ansias de
Seguir asido del céfiro adusto de tus suspiros.
Tomo entre mis manos lo poco que ya no queda,
Bebo con vehemencia el sudor del vacío,
Siempre es tarde cuando decido llegar,
Siempre es temprano, si no voy;
El apuro es tan lento, que el tiempo dormita
Sobre el lecho infrahumano de la vida.
Y así, me voy disolviendo con las horas,
El polvo, la arena y las cenizas, se apaciguan,
En los caminos inciertos,
Sobre el cenicero de mis noches,
A cada sorbo de mis pesares.
Oscuridad como esta,
Siempre,
Cuando tu no estas...
Serenata de ruidos inmóviles
Que aletargan las sombras huidas al azar;
Metamorfosis de llanto que inunda su caída
Cuando las aves, callan el lamento del fuego
Crepitante y austero.
Ya no se sienten las miradas, se esconden
De la ira, del incesto de la luna estrellada,
Y la mar, agónica, entumece las ansias de
Seguir asido del céfiro adusto de tus suspiros.
Tomo entre mis manos lo poco que ya no queda,
Bebo con vehemencia el sudor del vacío,
Siempre es tarde cuando decido llegar,
Siempre es temprano, si no voy;
El apuro es tan lento, que el tiempo dormita
Sobre el lecho infrahumano de la vida.
Y así, me voy disolviendo con las horas,
El polvo, la arena y las cenizas, se apaciguan,
En los caminos inciertos,
Sobre el cenicero de mis noches,
A cada sorbo de mis pesares.
Oscuridad como esta,
Siempre,
Cuando tu no estas...