Miguel Angel martilleó del cincel la cabeza
y el impacto del hierro al mármol extrajo belleza.
Sustrajo de un muerto fragmento de blanca piedra
de mi deseo un objeto. ¡Ah, cuanta Grandeza!
¡Oh Virgen pétrea! Tu apariencia soberbia,
apetecible, enciende mi lívido, quien tan irascible
osaría con besos profanar tu inmaculada pureza;
y con besos más otras cosas, de un placer más terrible.
y el impacto del hierro al mármol extrajo belleza.
Sustrajo de un muerto fragmento de blanca piedra
de mi deseo un objeto. ¡Ah, cuanta Grandeza!
¡Oh Virgen pétrea! Tu apariencia soberbia,
apetecible, enciende mi lívido, quien tan irascible
osaría con besos profanar tu inmaculada pureza;
y con besos más otras cosas, de un placer más terrible.