SONRISA
Poeta adicto al portal
¿Qué queda en las oquedad de las manos
si al enojo de la sed
se consume el agua que le habita?
Hay una alondra posada en los suspiros
baluartes -ellos-
de las horas y las lluvias que abrieron sus cerrojos.
El silencio fue la llave
y la luz de los cristales, antorchas en la noche
lábaros flotando
en cada hálito inspirado
arrinconando el dolor de las distancias.
Arcana oscuridad que escondió la luna
decretando cincelar sobre la piel
la metáfora de vida
en las ecuaciones infinitas del deseo.
Sumatoria de eclipses
y un vagido acrisolado entre violines
universos inmortalizados entre las dunas
rosas florecidas
en el inhóspito reproche de los versos.
¿Qué queda ahora
en el vacío de los huesos,
si al ser elipses en la distancia disyuntiva
se hallarán sin la gravedad
de nuestros nombres?
Sombras que no conozco
son retablos en el milenario azul que aborda tu mirada
y en los alcores de mis tiempos
otras sombras
fustigan ya los párpados
queriendo cercenar abriles húmedos
en la sobriedad de mi alma.
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