Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Tu cuerpo es huerto de secreto aroma
donde la tarde desnuda sus raíces,
una fruta que mis labios descifran
en sorbos lentos de sombra y vértigo.
Bajo tu piel navega un río oscuro
marea de tactos que en mi alma escribes,
y en el mapa de huesos que perdura
desemboco como lluvia en tierra fértil.
Tu risa es racimo que estalla en mi boca,
vino amargo que incendia mis sentidos.
Tu vientre, relámpago dormido en siglos,
despierta bajo el tacto de mis manos.
Huelo en ti el fuego de las uvas salvajes,
la sal que quema en el filo de la luna,
y al abrirse tu piel como geografía,
soy trigo, hambre y frontera que se une.
Déjame beber el silencio de tus costas,
la caracola que guarda tu gemido,
mientras la noche teje su red de pulsos
y el mundo se deshace en tu latido.
Somos dos cuerpos que el tiempo ha olvidado:
tierra y mar fundidos en un solo fuego.
donde la tarde desnuda sus raíces,
una fruta que mis labios descifran
en sorbos lentos de sombra y vértigo.
Bajo tu piel navega un río oscuro
marea de tactos que en mi alma escribes,
y en el mapa de huesos que perdura
desemboco como lluvia en tierra fértil.
Tu risa es racimo que estalla en mi boca,
vino amargo que incendia mis sentidos.
Tu vientre, relámpago dormido en siglos,
despierta bajo el tacto de mis manos.
Huelo en ti el fuego de las uvas salvajes,
la sal que quema en el filo de la luna,
y al abrirse tu piel como geografía,
soy trigo, hambre y frontera que se une.
Déjame beber el silencio de tus costas,
la caracola que guarda tu gemido,
mientras la noche teje su red de pulsos
y el mundo se deshace en tu latido.
Somos dos cuerpos que el tiempo ha olvidado:
tierra y mar fundidos en un solo fuego.
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