Évano
Libre, sin dioses.
De barro vuelva
señor al cielo;
y seque la tierra
que pisa el alma;
que se abra y raje
como un desierto
lejano y negro.
Y dé sus clavos
a nuestro dueño,
el rey dorado.
Y deje al diablo
al muerto en vida;
que sea sombra
de un sol que vaga
por este infierno
de pies que son
cada uno un no;
de pies que van
con manos vacuas,
cada una a sí.
Coloque ahí
señor sus clavos,
que sangren oros,
que sangren barros.
señor al cielo;
y seque la tierra
que pisa el alma;
que se abra y raje
como un desierto
lejano y negro.
Y dé sus clavos
a nuestro dueño,
el rey dorado.
Y deje al diablo
al muerto en vida;
que sea sombra
de un sol que vaga
por este infierno
de pies que son
cada uno un no;
de pies que van
con manos vacuas,
cada una a sí.
Coloque ahí
señor sus clavos,
que sangren oros,
que sangren barros.