BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cansado
de viajar por mi piel,
de este tristísimo peinado firme,
de estos pies inexactos,
de estas huellas imprecisas,
de estos barros caóticos,
de estas nomenclaturas perdidas,
y de estos labios herméticos,
saldré, sí, a bailar con la hija
del coronel. En mi vieja piel
inconstante, viajan, moribundos,
los secos tallos de una flor marchita,
el triunfo de una gota de perfume,
el macilento orgullo de estar quieto,
también está en ella, e incluso
el despertar abotargado sobre
camas inconclusas; despido,
ahora, marcas inconexas de amores
triviales, casi adolescentes; partiré
de rumbos perdidos, desviaré
masas de nubes y nebulosas de luz,
dividiré el aire con su estridencia nocturna.
De pájaros he de saber, de nombres
incompletos, de tesoros hundidos
entre la multitud de cascotes y vestigios.
Será humilde mi viaje, de consecuencias
inextricables. Seré hombre en tierras
distantes, hospitalariamente. Y daré
al dolor, la base de su estatuto.
©
de viajar por mi piel,
de este tristísimo peinado firme,
de estos pies inexactos,
de estas huellas imprecisas,
de estos barros caóticos,
de estas nomenclaturas perdidas,
y de estos labios herméticos,
saldré, sí, a bailar con la hija
del coronel. En mi vieja piel
inconstante, viajan, moribundos,
los secos tallos de una flor marchita,
el triunfo de una gota de perfume,
el macilento orgullo de estar quieto,
también está en ella, e incluso
el despertar abotargado sobre
camas inconclusas; despido,
ahora, marcas inconexas de amores
triviales, casi adolescentes; partiré
de rumbos perdidos, desviaré
masas de nubes y nebulosas de luz,
dividiré el aire con su estridencia nocturna.
De pájaros he de saber, de nombres
incompletos, de tesoros hundidos
entre la multitud de cascotes y vestigios.
Será humilde mi viaje, de consecuencias
inextricables. Seré hombre en tierras
distantes, hospitalariamente. Y daré
al dolor, la base de su estatuto.
©