De cuando me hice el examen de VIH

Tobare

Poeta recién llegado
De cuando me hice el examen de VIH


Digamos las cosas como son:
Más de alguna vez deambulé
por dudosas humedades.
Más de alguna vez exploré
surcos abismales.

Resultaba divertido.

Y no es que yo sea Baudelaire,
borracho y sifilítico,
escribiendo versos sentado al fondo
de una casa e’ remoliendas.
Porque ya no se hace necesario como antaño
buscar cuerpos y amores perdidos
por negros callejones;
Basta solamente alguna fiesta.
¡Nada más que una fiesta!
Lugar a donde vas
bebes, besas, bailas.
(Una sombra equilibrista
acaba de cruzar
por el precipicio de tus sábanas).

Pero tenemos que hilar más fino.
¡Mirar el suceso sociológico!
La cosa es que para mi generación
todo es instantáneo,
y la vieja costumbre de pensar
yace dentro de una máquina oxidada.

Pero volvamos a lo que nos atañe.

¡Rara vez mis padres
me hablaron de condones!
(Diosito los perdone si alguna vez
pusieron aquellas impúdicas temáticas
en los oídos del niño que ya fui).

Y bien,
al final tuve que crecer,
-sexópata y precoz-,
pero crecí.
Resulté ser el típico adolescente
promedio de mi época:
la vagina era una palabra en internet,
las tetas unas imágenes de Google,
y los orgasmos eran limosnas a pedir
bajo los aleros de una página de porno.

¿Y la sexualidad?
¡Una obligatoriedad!
“¿Acaso sigues siendo virgen
teniendo dieciséis?”
Y fue así como la chica que me gustaba
se hizo madre de mellizos a los veinte,
el Hula Uh, Hula Hula Uh
fue el coro de una canción de reggeaton,
¿y las ITS?
Lejanos afiches
sobre las paredes de hospitales.

La primera vez que estuve con una mujer
duré cinco segundos.
(Los mejores cinco segundos de mi vida).
El condón, claramente,
artículo innecesario para el púber
¿y las ITS?
Lejanos afiches
sobre las paredes de hospitales.

Ridículas poses,
orgasmos que no fueron,
eyaculaciones precoces
mujeres que partieron.

(¿cómo no iba a entristecerme
sumergido en ese mar vacío
de cuerpos sin rostro ni tiempo?)

Susurrados adioses,
incógnitos momentos,
lágrimas sin voces,
de amores no hablemos.

(Jadeos, caderas, vapores, adentro,
¡Díganme ustedes!, ¿qué debo rescatar
cuando a tanta nada le dedico versos?)

Pero como les contaba,
no hay que ser un genio
para saber lo que se viene.
Digamos que la cosa
se tornó más purulenta de la cuenta,
como una red social,
y los antibióticos
escaseaban en las farmacias.
¿Y las ITS?
Cercanos afiches
sobre las paredes de hospitales.

Ocho meses después
me hice el test de VIH.
¿El resultado?
No es motivo del poema.
Lo vi, dormí una siesta.

Arriba el cielo continuó sin respuestas.


19 de Febrero, 2018
 
No solo es cosa de los padres. También de (políticos)...La vida está repleta de un sin fin de trampas y suelen caer siempre los mismos. Como cuando ves a un osezno ahogarse en el río junto a su madre. Es esa fragilidad el drama de la vida. En cinco segundos
dejas de ser quien eres y debes aprender muy deprisa cuando se hace todo cuesta arriba. Y es triste que estas cosas pasen más a los jóvenes inexpertos que esperan tanto de la vida y se llevan un dramático chasco.
 

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