De cuando me llevabas

Hace días que quiero leer este poema tuyo y no sé por qué cada vez que me disponía a leerlo, pasaba algo que me llevaba por otro camino. Y después, recostado o haciendo otra cosa resulta que me acordaba del título y me preguntaba: ¿lo leíste? y la respuesta salía inmediata: nooooooooo. La pucha.
Creo que hoy sé la razón. Y es que hoy me estallaron estas letras tuyas en el alma con singular voz. Creo que hoy recién estaba yo preparado para este poema disfrazado de prosa, querido amigo.
Y es que me quedé pensando en qué parte de mi ser ando habitando ultimamente. Si en mi yo habitual o en mi sombra. Esa sombra que cuando se diluye en La Sombra Mayor que es la Ausencia de la Luz termina por desaparecer y cuando subsiste por efecto de la claridad no tiene más remedio que reconocerse a sí misma, boba, intangible, insensata. Y es que una sombra no es capaz de transportar su propia sombra. Simplemente es oscuridad en acto, producto del proyecto y la verdad de la Luz. Y el dolor que implica saber a medias que la sombra es, por definición, completamente vacía de sí misma se torna por momentos insoportable. Por cuáles lugares andaré yo vagando, en eso me quedo yo pensando...Gracias de nuevo por esta ayuda de espera que regalás con tus letras. Abrazo. Daniel.

Somos todas las partes sueltas y contradictorias, ecos vacíos de nosotros mismos, de nuestra luz interior; cobarde al fin cuando no sabe andar a tientas y se golpea con cualquier luz que se le cruza. Sombra, ausencia de luz, ese vacío que ocupa el lugar de un cuerpo, presente pero ausente.
Gracias Daniel porque de alguna manera tus yoes son exactamente iguales de ricos.

Cuidate.
 

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