BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
De espigas coronadas
tus sutiles estancias.
Fragor equino, trueno
o relámpago implacable.
En la luz, un inmenso erial
de muerte: insectos, avecillas,
pequeñas ratas deglutiendo alas
vencidas. Por el vértigo, de las horas,
excesivo olor a espliego; taciturna
manera de olvidar, de olvidarme,
de desocupar la mente de vida.
Me olvido. Recinto sagrado
la vida, mentira o falacia el resto.
Pero, qué es la vida? Qué fue
de la vida? Y tu vida? Recintos
cerrados, clausurados, tus ojos,
iris desencajados por las mejillas
delatoras: tus lágrimas.
Y un mundo que se cierra,
sobre ti mismo, y tu cuerpo.
©®
tus sutiles estancias.
Fragor equino, trueno
o relámpago implacable.
En la luz, un inmenso erial
de muerte: insectos, avecillas,
pequeñas ratas deglutiendo alas
vencidas. Por el vértigo, de las horas,
excesivo olor a espliego; taciturna
manera de olvidar, de olvidarme,
de desocupar la mente de vida.
Me olvido. Recinto sagrado
la vida, mentira o falacia el resto.
Pero, qué es la vida? Qué fue
de la vida? Y tu vida? Recintos
cerrados, clausurados, tus ojos,
iris desencajados por las mejillas
delatoras: tus lágrimas.
Y un mundo que se cierra,
sobre ti mismo, y tu cuerpo.
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