De esto vivo

Eduardo Rodríguez Ponce

Poeta recién llegado
Las luciérnagas se han ido y yo me quedo solo; yo, el café y este silencioso estruendo. De idas y venidas he sido yo; de parada en parada, de estación en estación. Esta es la vida de un individuo flotante y sus hábitos absurdos: entre la cotidianidad y el fulgor de lo que ocurre.

Dicho esto y ya que aquellos se han ido, me confieso ante la oscuridad y le declaro al haz de luz de la otra habitación que lo que siento es nada, ni tristeza ni felicidad; decepción y enojo hacia mí es lo que evoco. Pues yo he sido el responsable de estas despedidas que ni siquiera han tenido un comienzo, como el atardecer que se avecina sin mirarlo detenidamente. Reconozco mi falta de iniciativa y la perra hambre de interés, de deseo. Vivo de polo a polo: o mucho o nada. Sin ser bipolar me considero de las auroras boreales. Gracias sol por enviarnos tu cosecha para los desesperados, pues es es la esperanza de nosotros.

El amor propio no es suficiente, pues el árbol no crece sin agua. Aún sigo esperando el amor de una mujer, salvaje, idiota, perseverante, cariñosa, perversa. Un poco de agua para este árbol que espera la lluvia adecuada. Sinceras son mis palabras y sincero es mi amor.

Ya me cansé de fingir esta rudeza que no lleva a nada, al menos a este imbécil no le queda. Yo prefiero el lenguaje sin vendas y el amor que no se renta. Para eso alquilo a una puta o me bebo unas cervezas.

Esta noche me han llamado mis padres, como lo hacen a diario, y me han calmado este odio. Lo agradezco, pues dormiré un poco tranquilo. Pero sé que al preámbulo del modorro lo que se avecina es un estallido de arena fina y piedras de recuerdo, de reproches y pendejadas...

Hasta aquí, cobarde.​
 

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