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De estrellas y constelaciones.

Orlando Ramos

Un verso, una vida.
Leí un pequeño artículo de esos que circulan sin querer en las redes sociales. Este decía que nuestro cabello contiene trazas de minerales, tales como el calcio y el hierro, y que estos fueron producidos por explosiones cósmicas hace miles de años. Me pregunto, entonces, ¿cómo es posible que nosotros, los mortales, tengamos en nuestro cuerpo trazas de elementos originados hace muchísimo tiempo en los secretos del cosmos? La tierra con su misterio de siglos que se niega a contarnos con exactitud como fue formada, una cosa si es segura, del caos aparente, hay una sinfonía bien orquestada; nada es casualidad; cada átomo, cada pizca de lo que nuestro cuerpo posee para poder subsistir responde a una causalidad profunda. Detengámonos entonces en nosotros mismos, entendamos que nos hacen mortales elementos eternos tejidos en la inmensidad del cosmos, que surja esa chispa de asombro ya que somos polvo, es cierto, pero polvo de estrellas, cenizas luminosas danzando en la eternidad de un cielo que canta nuestro origen allá donde no sabemos casi nada, donde lo poco que pudiésemos saber nace de la meticulosidad e inspiración de unos cuantos cerebros que se preguntaban muchas cosas. Y aquí estamos, sabedores de que poseemos en nuestros cuerpos minerales, agua, gases y tantas cosas más que vinieron de los confines del universo o de los universos...
 
Leí un pequeño artículo de esos que circulan sin querer en las redes sociales. Este decía que nuestro cabello contiene trazas de minerales, tales como el calcio y el hierro, y que estos fueron producidos por explosiones cósmicas hace miles de años. Me pregunto, entonces, ¿cómo es posible que nosotros, los mortales, tengamos en nuestro cuerpo trazas de elementos originados hace muchísimo tiempo en los secretos del cosmos? La tierra con su misterio de siglos que se niega a contarnos con exactitud como fue formada, una cosa si es segura, del caos aparente, hay una sinfonía bien orquestada; nada es casualidad; cada átomo, cada pizca de lo que nuestro cuerpo posee para poder subsistir responde a una causalidad profunda. Detengámonos entonces en nosotros mismos, entendamos que nos hacen mortales elementos eternos tejidos en la inmensidad del cosmos, que surja esa chispa de asombro ya que somos polvo, es cierto, pero polvo de estrellas, cenizas luminosas danzando en la eternidad de un cielo que canta nuestro origen allá donde no sabemos casi nada, donde lo poco que pudiésemos saber nace de la meticulosidad e inspiración de unos cuantos cerebros que se preguntaban muchas cosas. Y aquí estamos, sabedores de que poseemos en nuestros cuerpos minerales, agua, gases y tantas cosas más que vinieron de los confines del universo o de los universos...
Es una maravilla ser parte de un universo que trasciende nuestro propio entendimiento.

Saludos
 

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