De la tardanza y algo más...

Apenas llegué ayer
¿Qué por qué tarde tanto? Estuve vagando un poco entre las pequeñas cosas que nos suceden a diario, ya sabes de la soledad nadie se salva, de la compañía tampoco.
Algún tiempo me la pasé viviendo encerrado entre mis cavilaciones, oscuros cuartos negros que aún hoy me llaman sin remedio, con una hoja de papel en la mano y una pluma en la otra traté siempre de fotografiar todo lo que siento -debo confesarlo, no puedo- quizá mañana a la hora del café lo intente de nuevo. El árbol protesta también, quizá en ese su silencio nocturno -con el que a veces se ahoga- me encuentre enredado entre sus ramas y sus hojas tiradas al viento.
Hablando en serio, hay muchos ríos que lloran allá abajo y cantan algo que sólo algunos entienden, las playas adormecidas con la niebla matutina son una buena habitación para la modorra de los que a veces dormimos. Hay bosques también, fíjate que me encontré una golondrina y una luciérnaga estacionadas en las vías por las que no pasa tren alguno, y es sólo la meditación que sigue de largo.
Crece la hierba en los caminos es la lluvia que cae sin tregua y se vuelve verde y a veces pone mi colchón en el jardín, no acostumbro dormir la siesta, pero si me he recostado a observar las nubes algunas tardes, jugar a encontrarles las formas que vuelvo a ver en el techo de mi casa -mira, esa tiene cara de dragón y esa otra de perro y de flor-. Con las pausas me cuesta un poco más de trabajo porqué debo caminar más aprisa y a veces me quedo atrás.
En la playa me encontré el mar, ese lugar recóndito que no conocía, pero te cuenta su historia si pones atención y en ese vaivén de sus olas están las cosas por las que lloré algún día, recordando a veces, cómo me reía. Al final es buen amigo y me contó su secreto, cuenta que él es un espejo forjado a través del tiempo y que sólo refleja el rostro de nuestros pensamientos.
Por eso me tardé tanto, ayer precisamente en la noche observaba la luna, no es de queso como dicen en los cuentos, sólo es luna y me quedé dormido observándola y tuve un sueño tan bonito como tu rostro.
Por eso me tardé tanto…


en lo que nos toca andar muchas veces, abrazos
 

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