De regreso al Mar

Gracias corazon por adornar esta prosa con tan grato comentario ,abrazos
Jajaja. ¡Perdón! Es que aquí decimos: Tú te lo guisas y tú te lo comes. O sea que tú sólita te buscas las respuestas a tus preguntas, claro para eso eres la guionista, jejeje...
Desde luego lo tuyo es ser escritora. Lis, porque tienes un tren de alta velocidad lleno de imaginación...
Te felicito por ese gran final como moraleja que adorna tanta tristeza al perder la consciencia poseído por la añoranza, que empuja a quitarse la vida por su ausencia...
Besos de estrellas...
Vidal
 
Un relato muy melancólico, te deja pensando en la razón de tus palabras. Un bonito relato

besos y estrellas.
 
gracias gorrion veo que captaste el mensaje del relato ,abrazos
Bonito,conmovedor y instructivo relato,amiga Mariposa73.la vida nos pone aveces en situaciones engañosas.la pena por un amor perdido es grande.pero la muerte de un amor de verdad,lo mata todo,hasta las ganas de vivir.hay que dejar que el rio de la vida fluya.porque es la unica manera que cada cual encuentre su camino.podemos luchar y luchar...y morir luchando.hay que seguir es cierto,pero sin tapar un amor con otro.es imposible,y no es sano.hay que seguir,si,pero sin que te amargue seguir luchando.y encontrar una samaritana,que como la protagonista de tu relato,nos tienda una mano.nunca es tarde.un beso,poeta.un cometa acompaña tu relato.
 

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De regreso al mar





Lo conocí en una tarde de abril mientras paseaba por la orilla del mar, yo caminaba sumergida en una melancolía que no me dejaba vivir producto de una desilusión, me habían roto el corazón y todavía ardía en cenizas. Vi unas huellas en la arena y las seguí, no entendiendo el sentido de hacerlo, pero así lo hice. Ni siquiera tenía la certeza de qué o si a alguien encontraría, sólo me deje llevar por un presentimiento que sentía en esos momentos. Seguí las huellas y encontré a un hombre mirando la bravura del mar y parecía que hablara solo muy angustiado, me quedé mirándolo y no me atreví a acercarme. Después vi que él se sumergía en el mar sin intentar nada y se hundía. Yo presa del pánico y la sorpresa corrí a salvar a ese extraño.

Con mucho esfuerzo nadé y nadé hacia a él y lo saqué de las bravías aguas del mar que nos ahogaban a los dos, fue muy difícil porque sentía que alguna fuerza rara nos jalaba a lo profundo del mar, pero luché hasta que logré sacarlo. Ya en la orilla, le di los primeros auxilios, yo sabía que él estaba vivo porque lo sentía respirar o así lo creía, todo era confuso bajo la desesperación y la soledad que había en aquella playa, pero de ningún modo él abrió los ojos. Comprendí a mi pesar que no los abrió porque él quería estar muerto o ya lo estaba y yo no lo aceptaba. Lloré porque quizás entendía su dolor y su angustia aún sin saber quién era.


Esperé tranquila, sosteniéndolo y acariciando su pelo hasta que despertara. Pero nunca lo hizo; entendí que yo había llegado tarde. Rebusqué en sus pantalones para encontrar algo que lo identificara y saber quién era y solo encontré una foto que el agua había arruinado, era de una mujer muerta en un ataúd. Me sorprendí tanto y me preguntaba ¿quién era aquella mujer de la foto? ¿Sería su esposa? ¿Alguna amante o quizás una hija que había perdido?. Tristemente jamás tendría esa respuesta.

Empezó a llover fuertemente, pero me quedé sentada al lado del cadáver mirando hacia las olas del mar y pensé que yo no tenía ningún derecho a detener la voluntad de aquel hombre. Así que arrastré el cadáver hacia el mar otra vez y dejé que se hundiera de nuevo porque nunca sabría si allí en aquella profundidad del mar se encontraba su gran amor y era el destino que los quería unir más allá de la muerte. Ya jamás volví a aquella playa donde conocí aquel extraño que se dejó morir por la melancolía y que me hizo entender que a veces el corazón muere por alguna desilusión; pero si luchamos contra ese sentimiento saldremos airosos y la vida nos premiará con un nuevo amor o una nueva ilusión.


Lis precioso relato amiga,es triste pero muy bonito y con un mensaje reflexivo muy bueno,mis felicitaciones,me encantó te dejo un beso grande y mi cariño.
Sandra
 
Preciosas Lineas,Esa inspiracion tuya no tiene nada que envidiar a los grandes.Me has cautivado hasta el final.Y ese final con esa enseñanza me ha partido el alma.Grata lectura como siempre.
Ni que queda decir que te llevas todo con esta historia.
 

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De regreso al mar





Lo conocí en una tarde de abril mientras paseaba por la orilla del mar, yo caminaba sumergida en una melancolía que no me dejaba vivir producto de una desilusión, me habían roto el corazón y todavía ardía en cenizas. Vi unas huellas en la arena y las seguí, no entendiendo el sentido de hacerlo, pero así lo hice. Ni siquiera tenía la certeza de qué o si a alguien encontraría, sólo me deje llevar por un presentimiento que sentía en esos momentos. Seguí las huellas y encontré a un hombre mirando la bravura del mar y parecía que hablara solo muy angustiado, me quedé mirándolo y no me atreví a acercarme. Después vi que él se sumergía en el mar sin intentar nada y se hundía. Yo presa del pánico y la sorpresa corrí a salvar a ese extraño.

Con mucho esfuerzo nadé y nadé hacia a él y lo saqué de las bravías aguas del mar que nos ahogaban a los dos, fue muy difícil porque sentía que alguna fuerza rara nos jalaba a lo profundo del mar, pero luché hasta que logré sacarlo. Ya en la orilla, le di los primeros auxilios, yo sabía que él estaba vivo porque lo sentía respirar o así lo creía, todo era confuso bajo la desesperación y la soledad que había en aquella playa, pero de ningún modo él abrió los ojos. Comprendí a mi pesar que no los abrió porque él quería estar muerto o ya lo estaba y yo no lo aceptaba. Lloré porque quizás entendía su dolor y su angustia aún sin saber quién era.


Esperé tranquila, sosteniéndolo y acariciando su pelo hasta que despertara. Pero nunca lo hizo; entendí que yo había llegado tarde. Rebusqué en sus pantalones para encontrar algo que lo identificara y saber quién era y solo encontré una foto que el agua había arruinado, era de una mujer muerta en un ataúd. Me sorprendí tanto y me preguntaba ¿quién era aquella mujer de la foto? ¿Sería su esposa? ¿Alguna amante o quizás una hija que había perdido?. Tristemente jamás tendría esa respuesta.

Empezó a llover fuertemente, pero me quedé sentada al lado del cadáver mirando hacia las olas del mar y pensé que yo no tenía ningún derecho a detener la voluntad de aquel hombre. Así que arrastré el cadáver hacia el mar otra vez y dejé que se hundiera de nuevo porque nunca sabría si allí en aquella profundidad del mar se encontraba su gran amor y era el destino que los quería unir más allá de la muerte. Ya jamás volví a aquella playa donde conocí aquel extraño que se dejó morir por la melancolía y que me hizo entender que a veces el corazón muere por alguna desilusión; pero si luchamos contra ese sentimiento saldremos airosos y la vida nos premiará con un nuevo amor o una nueva ilusión.



Mariposa
Bella narrativa
te felicito
Estrellas y un abrazo
Ana
 
Amiga, que relato has plasmado, ese hombre que quisiste rescatar, pero fue demasiado tarde, el murió enamorado todavía... Y las olas lo llevaron, tal vez, al lado de su amada. Gracias por compartir, muchos abrazos.
 
Asi es amigo ella no tenia el derecho de detener la voluntad de aquel hombre y tuvo que regresarlo al mar ,gracias por leerme amigo abrazos
 
la heredera de un edgar allan poe esta aqui en la colonia! quien lo diria... te felicito sinceramente por tan hermoso trabajo...lo amoroso...lo bello de la situacion parece imponerse a lo tetrico del relato con que nos deleitas...solamente una picola observacion...lo del presentimiento que sentia el personaje...parece como redundante...habra alguna palabra que pueda sustituir a "sentia"? te felicito...RRR
 

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De regreso al mar






Lo conocí en una tarde de abril mientras paseaba por la orilla del mar, yo caminaba sumergida en una melancolía que no me dejaba vivir producto de una desilusión, me habían roto el corazón y todavía ardía en cenizas. Vi unas huellas en la arena y las seguí, no entendiendo el sentido de hacerlo, pero así lo hice. Ni siquiera tenía la certeza de qué o si a alguien encontraría, sólo me deje llevar por un presentimiento implacable, confuso e inadvertido. Seguí las huellas y encontré a un hombre mirando la bravura del mar y parecía que hablara solo muy angustiado, me quedé mirándolo y no me atreví a acercarme. Después vi que él se sumergía en el mar sin intentar nada y se hundía. Yo presa del pánico y la sorpresa corrí a salvar a ese extraño.

Con mucho esfuerzo nadé y nadé hacia a él y lo saqué de las bravías aguas del mar que nos ahogaban a los dos, fue muy difícil porque sentía que alguna fuerza rara nos jalaba a lo profundo del mar, pero luché hasta que logré sacarlo. Ya en la orilla, le di los primeros auxilios, yo sabía que él estaba vivo porque lo sentía respirar o así lo creía, todo era confuso bajo la desesperación y la soledad que había en aquella playa, pero de ningún modo él abrió los ojos. Comprendí a mi pesar que no los abrió porque él quería estar muerto o ya lo estaba y yo no lo aceptaba. Lloré porque quizás entendía su dolor y su angustia aún sin saber quién era.


Esperé tranquila, sosteniéndolo y acariciando su pelo hasta que despertara. Pero nunca lo hizo; entendí que yo había llegado tarde. Rebusqué en sus pantalones para encontrar algo que lo identificara y saber quién era y solo encontré una foto que el agua había arruinado, era de una mujer muerta en un ataúd. Me sorprendí tanto y me preguntaba ¿quién era aquella mujer de la foto? ¿Sería su esposa? ¿Alguna amante o quizás una hija que había perdido?. Tristemente jamás tendría esa respuesta.

Empezó a llover fuertemente, pero me quedé sentada al lado del cadáver mirando hacia las olas del mar y pensé que yo no tenía ningún derecho a detener la voluntad de aquel hombre. Así que arrastré el cadáver hacia el mar otra vez y dejé que se hundiera de nuevo porque nunca sabría si allí en aquella profundidad del mar se encontraba su gran amor y era el destino que los quería unir más allá de la muerte. Ya jamás volví a aquella playa donde conocí aquel extraño que se dejó morir por la melancolía y que me hizo entender que a veces el corazón muere por alguna desilusión; pero si luchamos contra ese sentimiento saldremos airosos y la vida nos premiará con un nuevo amor o una nueva ilusión.


Hermoso escrito, que me ha llegado amiga miga, escribes lindo! buen trabajo donde la melancolia no opaca su belleza.

besos estrellas y reputacion bien merecida!!
 

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De regreso al mar






Lo conocí en una tarde de abril mientras paseaba por la orilla del mar, yo caminaba sumergida en una melancolía que no me dejaba vivir producto de una desilusión, me habían roto el corazón y todavía ardía en cenizas. Vi unas huellas en la arena y las seguí, no entendiendo el sentido de hacerlo, pero así lo hice. Ni siquiera tenía la certeza de qué o si a alguien encontraría, sólo me deje llevar por un presentimiento implacable, confuso e inadvertido. Seguí las huellas y encontré a un hombre mirando la bravura del mar y parecía que hablara solo muy angustiado, me quedé mirándolo y no me atreví a acercarme. Después vi que él se sumergía en el mar sin intentar nada y se hundía. Yo presa del pánico y la sorpresa corrí a salvar a ese extraño.

Con mucho esfuerzo nadé y nadé hacia a él y lo saqué de las bravías aguas del mar que nos ahogaban a los dos, fue muy difícil porque sentía que alguna fuerza rara nos jalaba a lo profundo del mar, pero luché hasta que logré sacarlo. Ya en la orilla, le di los primeros auxilios, yo sabía que él estaba vivo porque lo sentía respirar o así lo creía, todo era confuso bajo la desesperación y la soledad que había en aquella playa, pero de ningún modo él abrió los ojos. Comprendí a mi pesar que no los abrió porque él quería estar muerto o ya lo estaba y yo no lo aceptaba. Lloré porque quizás entendía su dolor y su angustia aún sin saber quién era.


Esperé tranquila, sosteniéndolo y acariciando su pelo hasta que despertara. Pero nunca lo hizo; entendí que yo había llegado tarde. Rebusqué en sus pantalones para encontrar algo que lo identificara y saber quién era y solo encontré una foto que el agua había arruinado, era de una mujer muerta en un ataúd. Me sorprendí tanto y me preguntaba ¿quién era aquella mujer de la foto? ¿Sería su esposa? ¿Alguna amante o quizás una hija que había perdido?. Tristemente jamás tendría esa respuesta.

Empezó a llover fuertemente, pero me quedé sentada al lado del cadáver mirando hacia las olas del mar y pensé que yo no tenía ningún derecho a detener la voluntad de aquel hombre. Así que arrastré el cadáver hacia el mar otra vez y dejé que se hundiera de nuevo porque nunca sabría si allí en aquella profundidad del mar se encontraba su gran amor y era el destino que los quería unir más allá de la muerte. Ya jamás volví a aquella playa donde conocí aquel extraño que se dejó morir por la melancolía y que me hizo entender que a veces el corazón muere por alguna desilusión; pero si luchamos contra ese sentimiento saldremos airosos y la vida nos premiará con un nuevo amor o una nueva ilusión.


¡Preciosa historia! Me ha encantantado, mi querida amiga, está muy bien escrita y derrochas imaginación, ¡felicidades!
Te dejo reputación (si me lo permiten) y un montón de estrellas y besos. Mary Carmen
 

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